Un buen consejo: PDF Imprimir E-mail

El Festival venía en decadencia, pero su situación se ha empeorado desde que los mandatarios departamental y municipal, y el mismo pueblo, aceptaron que una Corporación se apoderara de él.  

Aquí vale la pena tener en cuenta, que el Festival fue creado para que el pueblo, a través de sus tradiciones, su música, su gastronomía, sus danzas y demás, olvidara la cruel situación que vivía el Tolima a causa de la violencia, pero estos objetivos básicos le han sido arrebatados al pueblo, desde el mismo instante que decidieron comercializar descarada y abusivamente, el ingreso a los diversos eventos programados.  

Hoy el pueblo a duras penas puede disfrutar de unos desfiles simplones, tardíos y mal organizados, con unas carrozas “decoradas” por el mismo decorador, sin darle opción a otras personas, o sin realizar una convocatoria a nivel de universidades, colegios y particulares para encontrar diversas opciones y una creatividad más ceñida a nuestra cultura.  

A todas las falencias anteriores, hay que sumarle otras, tales como la inseguridad, los abusos de los prestadores de servicios turísticos, la falta de cultura, la carencia de sentido de pertenencia, la falta de promoción y publicidad, y otras más que sería largo enumerar. El éxito del Festival del Bambuco en Neiva, obedece a su promoción a nivel regional y nacional, utilizando todos los medios publicitarios posibles; obedece además, a una excelente atención, a unos precios justos en la gastronomía y a unos valores mínimos aplicados a los eventos populares. Por ejemplo, hace quince días estuvimos en Neiva; entramos a un restaurante donde nos llamó la atención un personaje ataviado con su traje típico, quien formalmente se quitó el sombrero, hizo la genuflexión y nos invito muy cordialmente a seguir. Ya adentro nos atendieron dos lindas opitas igualmente vestidas con su traje típico. Nos hablaron del menú, haciendo énfasis en los platos típicos. El servicio fue diligente, la comida exquisita y el precio justo. Sólo $5.000 el viudo de pescado. Terminado el almuerzo, en un platillo de barro, mediano, nos llevaron dos cucharaditas de tamal y dos de lechona con el objetivo de que los probáramos. Así lo hicimos y nos pareció delicioso. Al ver nuestra cara de satisfacción, una de las chicas nos dijo: “Si les gustó podemos empacarles para que lo lleven o si lo prefieren, se lo enviamos a domicilio”. Acto seguido nos pasaron sendas tarjetas; por un lado aparecía el menú, y al respaldo, una hermosa panorámica de Neiva. Al salir, nos entregaron a cada uno, una totumita pequeña con un paisaje dibujado a mano y obviamente con publicidad del sitio. 

¿Quién hace eso acá en el Tolima? Como decía el compadre Emeterio: “Aquí ni siquiera la mujer nos da la pruebita”. Esto realmente atrae clientela, pero caso muy contrario sucede acá en Ibagué. Por ejemplo, cuando se realizó la caravana turística al Salado, fuimos a almorzar a los puestos populares, sobre la avenida. A mi me dio por pedir Sancocho de gallina. En un plato desportillado, venía un pedazo de plátano, uno de yuca, media papa. dos tajadas de ahuyama y la presa de pollo. No hubo aguacate, arroz, mazorca y menos una porción de ensalada. Sobra decir que el tal Sancocho venía frío y tocó pedir que lo calentaran. Y cuando reclamé por el hecho de haber servido tanta ahuyama, simplemente me dijeron que la papa estaba muy cara. Cuando pregunté por el precio, me cobraron $7.000, y no me pareció caro, pero sí muy mal servido. A mi hija mayor se le ocurrió pedir una picada, pero picada y disgustada quedó ella cuando le sirvieron sobre una canastilla mediana, varias porciones de rellena, tres papitas criollas, varias rodajas de plátano verde y dos pedacitos de chicharrón. No hubo chorizo, longaniza o cualquier otro tipo de carnes. Cuando pidió maduro frito, le advirtieron que costaba $2.500. En síntesis, la tal picada salió por $12.500. Al frente del sitio donde se había comprado la picada, había una señora que vendía avena; cada dos minutos se metía los dedos a sus fosas nasales y se limpiaba con su delantal de un tono blanco oscuro. ¿Y a cómo la avena? Le pregunté por curiosidad. Y me contestó: “A 1.500 patrón”. ¿Y los buñuelos? “A $500”. Optamos entonces por tomar gaseosa, pero en el tal restaurante no había. Almorzamos y nos cruzamos hacía una cafetería donde nos cobraron a $1.200 cada gaseosa.  

Es aquí donde cabe la pregunta: ¿Quién acaba con el turismo? Yo diría que esta es una misión compartida: por una parte, los principales culpables son las autoridades que no ejercen control alguno, y en segundo lugar, los especuladores, que amparados por los primeros, hacen de las suyas.  

Cabe anotar, que el mismo Sancocho de gallina que costaba $7.000 el dichoso domingo de la caravana turística, ahora que estamos en fiestas vale $10.000.  

Y los ejemplos abundan y los atracos son descarados: En una cafetería ubicada en la Carrera 4ª. con Calle 11 de Ibagué, uno pide una gaseosa; se la pasan en el envase y si el cliente solicita un vaso, le advierten que le vale $100. A una cuadra de este sitio, hay un chuzo donde la gaseosa vale $1.500, y en los bajos de la Beneficencia una cerveza vale $2.000.   Un tamal puede costar hasta $4.000 y un plato de lechona $5.000.  

¿Y los bizcochos, compadre?   Ah, los bizcochos! Les cuento esto: En la Plaza de la 21 venden toda la variedad de bizcochos que se hornean en el Tolima, pero ojo: Hace un mes 10 bizcochos de achira costaban $1.000; ahora, por los mismos $1.000 le dan sólo 8 bizcochos. Es que estamos en fiestas, compadre.  

Y es que en esto de los abusos, caen todos, hasta el sector oficial. En Neiva por ejemplo, la entrada a ver las estrías de las candidatas en traje de baño, vale $3.000; en Ibagué vale $5.000. El año pasado pagamos $7.000 para entrar a ver dizque la Feria Agropecuaria, mientras en Cenfer, en Bucaramanga, la entrada vale $3.000. Y ojo con esto: en Cenfer hay aseo, excelentes instalaciones, amabilidad, buenos precios. Mientras que en Ibagué, el año pasado el vaso de leche de cabra, sin ningún aditamento costaba $2.500. ¿Y quién puede transitar tranquilo y seguro por el Coliseo de Ferias? Nadie; raíces de árboles, huecos, andenes desportillados se convierten en trampas para el visitante. Además que el espectáculo es muy pobre y se abusa igualmente con los precios de las bebidas y comidas.

Y hablando de Coliseo, ¿qué podemos hacer los que tenemos el mismo gusto de las vacas? Nada; hasta el momento parece que sólo hay una sola corrida anunciada. A lo mejor hay más, pero como no se anuncian, hay que adivinar. De todas maneras, parece que Ibagué fuera una aldea donde los taurinos no tenemos derecho a nada, a menos que arranquemos para Manizales, Cali o Bogotá en temporada taurina.  

Tanta vaca que hay por ahí al menos para hacer novilladas, porque aquí no podemos contar con traer toros de Achury Viejo o de Mondoñedo, pero sí podríamos traer unos cuantos becerros de Natagaima o sus alrededores.  

Tampoco podemos pensar en carteles de lujo, pero estoy seguro, que muchos voluntarios se lanzarían al ruedo.   Y para rematar… ¿Qué tenemos en materia de seguridad? Muy poco. Aquí es más fácil, ver el espectáculo deprimente de un policía agrediendo un vendedor ambulante y quitándole su mercancía, que capturando a un carterista, raponero o extorsionista. Igualmente es más fácil ver un policía atropellando a los espectadores de los desfiles, que garantizando la tranquilidad y el orden.  

En síntesis, de todo se verá en estas fiestas, menos cosas positivas, que le permita a propios y visitantes, llevarse una buena imagen de la llamada Ciudad Musical de Colombia, donde ni siquiera esa música hermosa, autóctona y tan nuestra, se escucha. A cambio de eso, tendremos mucho “restregón”, “vallejartos” y otros ritmos muy distintos a los nuestros. Nos falta sentido de pertenencia para hacer respetar ese patrimonio artístico y cultural que cada día perdemos más, porque lo único que hemos hecho, es ahuyentar a los visitantes.  

Mejor dicho, lo único que nos falta, es colocar en las entradas de la ciudad, las vallas que digan: “Bienvenidos al Tolima. No traiga machete; aquí le damos”. Menos mal que aún no me han realizado la cirugía en mi ojo derecho, y que por el izquierdo solo tengo un 30% de visión. Esto me permite decir: “Pa´ lo que hay que ver, con un ojo basta”.

 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

mod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_countermod_vvisit_counter
mod_vvisit_counterHoy3302
mod_vvisit_counterAyer6672
mod_vvisit_counterEsta semana13247
mod_vvisit_counterAnterior semana20330
mod_vvisit_counterEste mes52349
mod_vvisit_counterAnterior més70491
mod_vvisit_counterTotal2837392

Su IP: 54.234.190.237
 , 
Hoy: Ene 16, 2018