El interés de Trump en Colombia PDF Imprimir E-mail

 

Ha habido conversaciones telefónicas entre Trump y Juan Manuel Santos, y han llegado algunos visitantes del Congreso de Estados Unidos a Colombia, pero el tema de Colombia apenas si se menciona en Washington. Y me imagino que esto complace a la embajada colombiana.

 
Pero la situación puede cambiar pronto. La bonanza de la coca colombiana no ha sido percibida en Washington todavía, pero en algún momento saldrá la cifra oficial del gobierno estadounidense sobre la cantidad que se sembró en 2016 y es bastante probable que por primera vez esta cifra supere las 200.000 hectáreas. Solo se requiere que el área sembrada aumente en un 25 por ciento respecto de las 159.000 hectáreas que se encontraron en 2015.
 
Con esa revelación vendrán las notas periodísticas. Y con ellas vendrán declaraciones de congresistas, especialmente republicanos, expresando su frustración con Colombia y reclamando mano dura. Los medios conservadores lanzarán sus dardos y quizás algunos harán entrevistas con Álvaro Uribe.
 
El ruido no será lo bastante fuerte para estremecer a Washington, pero sí será más fuerte que las palabras de los diplomáticos que valoran la relación que tiene Estados Unidos con Colombia, o que las declaraciones de las ONG llamando a mantener el apoyo al Acuerdo de paz.
 
Justamente por el tema de la coca vino a Colombia recientemente el exembajador William Brownfield, quien ya lleva casi siete años como jefe de política antidrogas del Departamento de Estado y es uno de los únicos subsecretarios que queda en su puesto tras la llegada de Trump.
 
Brownfield probablemente tenía en su bolsillo la nueva cifra de hectáreas de coca aunque esta no se ha hecho pública ni apareció en el Informe anual de estrategias antidrogas que su oficina publicó este 2 de marzo. Sin embargo ese informe sí advierte que debido al aumento de la oferta “en Estados Unidos en 2105 se registró el mayor número de muertos por sobredosis que involucran la cocaína desde el 2007”. Por su parte, la DEA informó a finales del año pasado que las incautaciones de cocaína en Estados Unidos en 2015 crecieron en un 56,7 por ciento respecto del año anterior.
 
¿Cambio de política?
 
Las preguntas que surgen son: ¿cómo responderá el gobierno de Trump, que apenas ha hablado sobre Colombia hasta el momento, a esta noticia? ¿Se volverá a “narcotizar” la relación entre Colombia y Estados Unidos, como ocurría en los años 1980 y 1990? ¿Volverá el tema de la droga a ocupar el centro de la relación bilateral?
 
Yo creo que no, al menos por el momento. Y digo esto sabiendo que en Estados Unidos ahora tenemos un gobierno compuesto por funcionarios que, como el nuevo fiscal general Jeff Sessions, quisieran volver a una política anti-drogas como la de la época de Ronald Reagan.
 
Si alguna relación se va narcotizar será la existente entre México y Estados Unidos.
 
Pero no veo venir una narcotización dela relación en 2017. Aunque habrá silencio y cierto distanciamiento, no creo que se retire el apoyo estadounidense a la implementación del Acuerdo con las farc. Para el año 2018, sin embargo, no estoy tan seguro. Todo depende de los resultados logrados este año.
 
A pesar del aumento de la coca —una vez que se publique la cifra— creo que todo quedará más o menos igual en 2017 por las siguientes razones.
 
Aunque la oferta de cocaína está creciendo en Estados Unidos, esta sigue estando muy por debajo de los niveles de hace 10 años. Los 5.415 muertos por sobredosis en 2015 son muchos, pero son menos que los 7.448 de 2006. En 2015 se incautaron 9.058 kilogramos de cocaína en la frontera con México, pero en 2006 se incautaron 27.361. El problema se está agravando, pero sus niveles son relativamente bajos todavía.
 
Las drogas ilícitas que ahora dominan el debate en Estados Unidos, y que más daño hacen a la sociedad, se producen poco en Colombia: la heroína, la metanfetamina y los opioides sintéticos. Los primeros dos se producen en México, el país con el que tiene más roces el gobierno de Trump. Si alguna relación se va narcotizar será la existente entre México y Estados Unidos.
 
No hay nadie en el gobierno de Trump para cambiar la política. Más de siete semanas después de su toma de posesión, todavía no se ha ocupado ningún cargo  con responsabilidades directas sobre la política hacia América Latina. De hecho, ni siquiera se han enviado nombres al Senado para su aprobación. La lista de vacíos en la administración es asombrosa: no hay subsecretario general de Estado ni subsecretario para asuntos hemisféricos; no hay nadie a cargo de la AID; no hay subsecretario de Defensa para la política, para asuntos internacionales, ni para el hemisferio; no hay zar antidrogas ni administrador de la DEA.
 
Todavía permanece el mismo jefe del Comando Sur y los diplomáticos de carrera siguen en la Sección Andina del Departamento de Estado y en la Embajada en Bogotá, pero ninguno de ellos puede o quiere encargarse de narcotizar la relación como respuesta a un aumento de los cultivos.
 
Hay pocas ganas en Washington, incluso en la Casa Blanca de Trump, de abrir una nueva pelea con otro país latinoamericano. Con México tienen las manos llenas.
 
No hay dinero para cambiar la política. Trump está proponiendo recortar el presupuesto del Departamento de Estado y de la ayuda al exterior en un 37 por ciento. Esto es como detonar un arma nuclear sobre el sistema de ayuda extranjera del gobierno estadounidense. Si se logra aprobar este recorte en el Congreso, habrá pocos recursos para una nueva guerra antidrogas. Y no solo en el extranjero, pues también se quiere recortar el presupuesto de la Guardia Costera estadounidense, que se encarga de incautar la droga en el Caribe. Sin dinero no habrá con qué impulsar un regreso a la guerra antidrogas del pasado.
 
El futuro
 
Un funcionario con quien hablé me dijo que para reiniciar el programa de fumigaciones aéreas —algo que, según Brownfield, no es “parte de este diálogo”se necesitarían aproximadamente 150 millones de dólares. No veo de dónde se sacaría tal suma si el presupuesto de ayuda al exterior se recortará en casi 10.000 millones.
 
Este recorte de ayuda mundial traerá dos problemas principales:
 
Pone en peligro la ayuda que prometió Barack Obama para apoyar la implementación de los acuerdos de paz en Colombia. Con un recorte mundial de hasta el 37 por ciento, el programa “Paz Colombia” difícilmente se materializaría —aunque el propósito de todos los amigos de Colombia en Washington es evitar el recorte apelando a los aliados en ambos partidos—.
 
Como Trump propone aumentar el gasto en defensa mientras recorta la diplomacia, podríamos ver (aún mayor) militarización de la ayuda a Colombia. En este contexto, para sacar recursos con destino a Colombia (o a cualquier país) tendría que emplearse el presupuesto del Pentágono y la ayuda tendría que responder a prioridades militares. Esto probablemente no pasará en 2017 porque estos cambios son lentos.
 
Pero en el futuro es grande la posibilidad de una remilitarización de la ayuda tanto para la paz como para la lucha contra las drogas.
 
El año 2018 me preocupa especialmente: si para entonces se anuncia que los cultivos de coca aumentaron aún más que en 2017, será muy posibles el regreso al pasado y un endurecimiento muy dañino de la política exterior antidrogas.
 
Sin dinero no habrá con qué impulsar un regreso a la guerra antidrogas del pasado. Además, en 2018 esa cifra será difundida mientras Colombia está en medio de la campaña electoral, Santos estará de salida y quizás habrá un candidato más afín a Trump con posibilidades de ganar la Presidencia. Un momento cuando los diplomáticos de carrera en la embajada estadounidense—incluso el embajador Whitaker— ya habrán sido reemplazados por otros, y habrá un equipo más derechista ocupando los puestos claves en el gobierno de Trump.
 
Este va a ser un panorama oscuro
 
Evitar la narcotización exigirá una muestra clara de progreso en la ejecución de los acuerdos de paz y en especial del acuerdo sobre el problema de los cultivos ilícitos.
 
Evitar el regreso al pasado en 2018 depende mucho de la capacidad de implementación y coordinación, y de la voluntad política del gobierno de Colombia.  Desafortunadamente, estas no han sido las fortalezas del gobierno Santos.
 
*Oficial principal para la Veeduría de Defensa de la Oficina en Washington de Asuntos Latinoamericanos (WOLA).
@adamisacson
 
T. de Razón Pública
 
 
 
 

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