¿Sería posible? PDF Imprimir E-mail
 
Creo imposible construir desarrollo regional solo con pequeñas obras de infraestructura, reformismos, percepciones falsas, megalomanías, politiqueo nimio, “largueza” centralista,  asistencialismo, paliativo, inversión externa o tensión izquierda derecha. Pero además, sin negarle bondad a algunas de estas prácticas, creo que su mezcla transmuta en un “brebaje alucinador” que mantiene a políticos de viejo cuño y también, inexplicablemente, a gente seria e informada, embebidas con el meneo electoral y desentendidos de las ideas, y así es muy berraco, pues de una práctica política descerebrada jamás surgirá el correcto orden conceptual del modelo de futuro que merecen los tolimenses y si graves consecuencias de decadencia e incertidumbre, como bien lo sabemos y lo hemos padecido todos.
 
Una sana yambiciosa lógica progresista a plasmar en proyectos políticos de futuro resulta del acervo moral e intelectual de los dirigentes sociales, políticos y económicos o, de otra manera, de ellos debe esperarse sentido humanista, mirada crítica de la historia, visión de largo plazo, compromiso real con el futuro tolimense, probidad y talento en la gestión que les es confiada y, por ser antivalores regresivos, la sociedad no debería contemporizar y si rechazar la visión obtusa e inmediatista, el argumento trillado y el carácter egocéntrico.
 
Si la miopía espasajera no debemos descreer y por ello ilusiona constatar que, aunque sin brío inductor de cambios, el tolimense, en dialogo casual, corrobora principios cardinales para forjar progreso moderno, inclusivo y pujante. Estos son: fuerza identitaria, conciencia y memoria histórica, autonomía regional, espíritu emprendedor, conocimiento territorial, cohesión social, cultura asociativa, valoración sociopolítica de los recursos naturales y el medio ambiente, tolimensidad como aliento común, democracia económica, democracia política respetuosa del pensamiento diverso, circuitos económicos endógenos ligados a la economía nacional y externa, investigación, ciencia e innovación aplicadas a la región.
 
En el alma regional subyacen estas y más ideas seminales pero el “brebaje alucinador” no permite que sean el norte de lo político y de ahí que históricamente la teoría económica y los planes de desarrollo hayan sido (y serán) siempre estériles. Un ejemplo para explicarlo: por excelente que sea la receta, sin la exquisita sazón de quien con afecto y esmero cocina para los suyos, el sancocho siempre será insípido. Hay avances conceptuales serios sobre un nuevo modelo de futuro regional y cómo construirlo, pero, mientras el meneo electoral continúe siendo la razón superior de lo político, las ideas alternativas serán ninguneadas y por ende, la democracia seguirá siendo una parodia anacrónica y el progreso una utopía.
 

 

 

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