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Apoyado en este pasaje del primer capítulo de Don Quijote que sirvió a Gustave Doré para presentar al Ingenioso Hidalgo leyendo libros de caballerías, en la edición francesa impresa en París en 1863, que hoy se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid, quiero referirme al Periodismo, y de paso, saludar a mis colegas, pero sólo a los verdaderos Periodistas.

¿Por qué citar a Don Quijote o a su autor Don Miguel de Cervantes Saavedra?. Sencillamente, porque siempre cuando escucho un disparate en la radio o leo en los diarios una babosada, le pido a Dios que no vaya a permitir la resurrección del ilustre escritor, porque esto del Periodismo es cosa seria; es algo altruista y loable cuando se ejerce con ética profesional, verticalidad y verdadera vocación de servicio.

Si buscáramos una definición real, encontraríamos que Periodismo es la captación y el tratamiento preciso de la información en cualquiera de sus formas y variedades. Oral o escrita.

Dicho de otra forma, es el proceso de recolectar datos e información para evaluarla, verificarla y transmitirla.

¿Estaremos a conciencia recolectando la información para evaluarla, verificarla y transmitirla con profesionalismo? ¿Se estará cumpliendo con un servicio social y comunitario?

Retrocedamos al siglo XIX, donde la estrategia para atraer lectores, era dar a conocer la problemática social de las ciudades para lograr reformas sociales y políticas.

En el sensacionalismo cayeron en la época, Hearst y Pulitzer, cuyas publicaciones abogaron también por estos cambios, al tiempo que muchas otras publicaciones basaban su éxito en la denuncia de los abusos de los gobernantes. Había que reconocer que los editoriales de los periódicos y revistas ejercían gran influencia sobre la opinión pública, aunque no tanto como la habilidad de algunos editores para canalizar la atención del público hacia los problemas sociales o la corrupción política. Algunos periodistas enfrascados en esta cruzada a principios del siglo XX, contribuyeron a la consecución de gran número de reformas, como la promulgación de las leyes antimonopolio y las que garantizaban la salubridad de los alimentos.

Sin embargo, hoy en día son muy pocos los Periodistas que han continuado ejerciendo ese papel de defensores de los derechos de los ciudadanos. En la década de 1960, la televisión estadounidense difundió imágenes de las grandes manifestaciones por los derechos civiles que se celebraron por todo el país y de los medios, a veces brutales, que la policía había empleado para reprimirlas. Del mismo modo, entre 1972 y 1973, dos reporteros del periódico Washington Post sacaron a la luz el “Watergate“, con el cual demostraron que el Presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, estaba al tanto de los registros de la sede central del Partido Demócrata que miembros de su Partido habían ordenado realizar. Más recientemente en España, verdaderos Periodistas presentaron las denuncias en varios diarios, como El Mundo y Diario 16, las cuales propiciaron la investigación judicial y el consiguiente proceso del Director del Banco de España, Mariano Rubio, y del Director de la Guardia Civil, Luis Roldán.

Son hechos aislados pero constructivos, y el resultado de investigaciones serias, objetivas, dinámicas y benéficas para la sociedad. Pero caso contrario sucede con el Periodismo actual, donde el Periodista ha agachado la cabeza y se ha arrodillado ante un régimen o un gobernante corrupto, sin tener en cuenta la necesidad de un conglomerado que necesita, requiere y tiene derecho a la verdad.

El fenómeno se presenta por varias causas: La primera porque el Periodista –necesitado como todos- tergiversa la información desde el mismo momento en que recibe una pauta y traiciona a la comunidad a cambio de un cheque. Y esto se ve a nivel gubernamental y desde luego por parte de algunas empresas que cometen sus abusos y callan al Periodista con un Contrato de Publicidad.

Las encuestas que antes se hacían en vivo y en directo, hoy son editadas a conveniencia del medio y de la empresa que en la mayoría de los casos sugiere la encuesta.

Una segunda causa la constituye la intromisión de algunos sujetos que sin ser Periodistas, ejercen como tal, cometiendo los errores propios de la falta de conocimiento en el área de la comunicación.

Se dice popularmente que existen dos clases de Periodistas: los llamados “profesionales universitarios” y los que de acuerdo a la Ley 51 de 1.975 y su Decreto Reglamentario 733 de 1.976, recibieron su Tarjeta Profesional, derogada después por el Congreso de la República por presiones muy hábiles de los capos de la información.

Pero bueno; estas dos clases de Periodistas, se pueden aceptar, pero lo inconcebible es que entre estas dos clases, existe una tercera, más nociva y peligrosa, no solo para el gremio, sino para la comunidad en general: se trata de los camuflados, es decir, los que ejercen como Periodistas sin serlo y sin tener el más mínimo conocimiento sobre la profesión más digna del planeta.

¿Puede un zapatero, un tendero o un albañil, ejercer el Periodismo? Claro que no; pero los hay, y tratan de editar periódicos, revistas, o de tomar un micrófono para derramar sus babas intelectuales. Es justamente a esos camuflados a los que se les escucha palabras como “haiga”, “hubieron”, o tratando de pronunciar palabras en inglés o francés. Hay programas radiales ofensivos por el mal manejo del lenguaje, y medios escritos plagados no de errores, sino de horrores ortográficos. Esto se debe a que los medios (emisoras, periódicos, revistas, canales de televisión) permiten la entrada y el ejercicio irresponsable de la profesión, lo cual va en detrimento del gremio.

Estos camuflados trabajan, amparados por el carnet expedido por algún medio o por una credencial falsa incluso de universidades respetables. Sin embargo, habría que pedirle a estos camuflados, que escriban una nota, para comprobar que no son capaces,

Eso conlleva a que el Periodismo en el Tolima sea mediocre; cualquier sujeto cree que por colocarle una grabadora en la boca de un personaje para hacerle unas cuantas preguntas, ya es Periodista. Otros, porque tienen buena voz para presentar un programa o para leer un libreto, también llegan a convencerse de ser Periodistas. Pero la verdad esta muy lejos.

Pero veamos una tercera causa: los medios pequeños son bloqueados, principalmente por los gobernantes, porque son justamente estos medios, los más objetivos, directos y  veraces, y los gobernantes tiemblan ante estos medios. Y una manera de callarlos es negarles la publicidad.

Claro, ellos saben que estas pequeñas publicaciones, -en una ciudad donde nadie compra periódicos por cuestiones económicas o porque le resulta más fácil leerlos a través de Internet- circulan gratuitamente y llegan directamente a la comunidad.

Por eso solo se sostienen los “grandes” medios, aunque a veces tengan, que para vender unos pocos ejemplares, insertar en su interior un fascículo o una de las llamadas “Separatas especiales”, editada a base de sensacionalismo y morbo.

Y podría seguir enumerando causas, pero con estas son suficientes. Valdría la pena, que justamente por estos días en que se le celebra al Periodista su día, las agremiaciones y el gobierno, reflexionaran sobre la importancia de rescatar cualquier cantidad de derechos.

Fueron muy bonitos estos actos que se llevaron a cabo con motivo del Día del Periodista, y personalmente tengo que agradecerle sinceramente al Presidente de la República, al Gobernador del Tolima, al Alcalde de Ibagué, a los Diputados y Concejales e incluso a algunas agremiaciones, que al menos por este día, valoraron y tuvieron en cuenta a los Periodistas. Pero ojo; los verdaderos Periodistas tenemos que hacernos respetar y exigir nuestros derechos.

¿Cuántos Periodistas no han sido asesinados? ¿Cuántos no estamos amenazados? ¿Cuántos disfrutan de una vida digna? ¿Cuántos Periodistas no están siendo explotados por los medios? ¿Cuántos no tienen que permanecer de rodillas  a cambio de una pauta para poder sobrevivir? ¿Cuántos no somos víctimas de las malas acciones de los camuflados?

Una depuración del gremio es necesaria. Y en justicia solo deben existir las dos clases de Periodistas enumerados arriba: los profesionales universitarios y los reconocidos por la Ley 51 de 1.975 y su Decreto Reglamentario 733 de 1.976. Los demás son paracaidistas, infiltrados que le causan daño al gremio y a la comunidad.

Por eso reitero lo dicho al comienzo: Feliz Día del Periodista, al verdadero Periodista.

 

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