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Cuba, carcomida por el socialismo

Escribe: Ra√ļl Tortolero*.-

En Cuba la gente odia al socialismo, pero en cambio practica el ‚Äúsocialismo‚ÄĚ (Foto: Flickr)

En Cuba el socialismo y los delirantes caprichos de Fidel y su casta de privilegiados, llevaron a la gente a perder sus vidas en la pobreza y el desamparo.

En la isla nadie cree en el socialismo. Nadie es nadie. Los j√≥venes usaban camisetas o pa√Īoletas en la cabeza con la bandera de Estados Unidos. Su sue√Īo era, y sigue siendo el mismo: irse a vivir a Miami.

El socialismo solo estaba en la propaganda oficialista, en murales espectaculares que pone el gobierno, con caras del Che y de Fidel repitiendo frases que son buches de aire, frente a la depresi√≥n en la fila para coger la guagua, paredes con la piel descarapelada, y ventanales en herrumbre de casonas p√ļtridas.

‚ÄďTe van a pegar un tumbantonio, chico‚Äď. No puedes andar hablando de la revoluci√≥n en las calles as√≠ como si nada. Hay vecinos que nos est√°n vigilando todo el tiempo‚ÄĚ.

Había grupos de vigilantes que trabajaban para el gobierno, supervisando a la gente en los repartos, para ver si no decían algo contra el caballo, como se le apodaba a Fidel.

Nadie grafiteaba en protesta en las calles contra el socialismo‚Ķ porque la carencia de productos se reflejaba en que no se consegu√≠an los aerosoles en ning√ļn lado.

No hab√≠a toallas femeninas, ni pa√Īuelos desechables, ni servilletas, ni jab√≥n para las manos, ni pasta dental, ni desodorantes. Ni playeras, ni jeans, ni zapatos, ni tenis. Ni aceite para cocinar, ni gas, ni gasolina.

‚Äď‚ÄúNo te pongas bravo, mi amor. No es f√°cil. As√≠ son las cosas ac√°‚ÄĚ.

Desesperados, hubo quienes vendían pizzas que en lugar de queso estaban preparadas con condones. Sí, así. Esos sí los regalaba el gobierno de los barbones.

En los barrios se traficaba con un destilado casero, de ca√Īa, que se conoc√≠a como agua de pecera, por lo turbio.

En un solar de la Habana Vieja

De joven viajé a Cuba muchas veces. Quería conocer más profundamente su cultura, su gente, y porque quise comprobar cómo se vivía el socialismo en la vida real. Nadie me va a platicar. Yo lo viví en primera persona. Me quedaba temporadas allá, hasta que se me acababan los fula.

No me quedaba en hoteles ya, sino en casas de amistades. Decidí conocer Cuba y su socialismo como un cubano más. No como un pepito, un turista que llega con fula, con guanikiki, con dólares, sino como uno más, para vivir en carne propia ese socialismo que se suponía nos iba a liberar de la pobreza y de las injusticias, con un gobierno del pueblo y para el pueblo. Puros disparates.

Viv√≠a en un solar muy pobre, con telara√Īas y sin agua, en la Habana Vieja. En ese periodo, en la tarde cortaban la luz. No hab√≠a mucho qu√© hacer. Fum√°bamos cigarrillos de tabaco negro en los muelles. Me iba a nadar al mar en calzones, como un cubano m√°s. Andaba en una bicicleta oxidada. Mis d√≥lares serv√≠an para que varias familias comieran varias semanas. Llegaba yo con bolsas enormes de ropa y zapatos. Me las daba mi madre, saldos que se tra√≠a de Estados Unidos. Llegando pon√≠a yo todo en una mesa de un cuarto del solar. Todos iban a ver qu√© les era √ļtil.

A una chica le llev√© una licuadora para que pusiera un negocio de licuados. Pero con los meses, no pudo sostenerlo por falta de dinero. La gente dec√≠a que Fidel era tan bueno como el pan‚Ķ cuando el pan en Cuba es duro como una piedra. Y eso desayunaba, un pan, con rebanadas de jitomates inmaduros, verdes, y un buche de caf√©. Y ya. Com√≠amos arroz con pedazos de cerdo, comprado en el agromercado, y pl√°tanos a pu√Īetazos, los famosos tostones. La cena era un cigarro y un vaso de agua.

Juventud tratando de sobrevivir

En las universidades p√ļblicas de M√©xico sobraban profesores infames que se hincaban ante Fidel, a quien admiraban por haber tomado las armas y haber echado del poder a un tipo como Batista.

Nunca visitaron Cuba, o lo hicieron en plan de turistas, en la escenograf√≠a caribe√Īa guapachosa que te monta el gobierno. Te meten en una burbuja de la que no sales en todo el tour Habana-Varadero.

Antes de 1959 qui√©n iba a pensar que Fidel y su runfla de matones iban a convertirse en una dictadura que pisote√≥ los sue√Īos de tantas generaciones. Menos da√Īo hizo Batista. Mucho menos. Es una pesadilla que a√ļn no termina.

El socialismo ha obligado a las muchachas a venderse, a vender lo √ļnico que no puede arrebatarles la dictadura, su cuerpo y belleza. Nadie puede juzgarlas, porque se trata de vivir o morir. Cualquiera har√≠a lo mismo, aunque no sea lo ideal. Hasta sus mismas madres y a√ļn las abuelas ve√≠an con buenos ojos que las chicas salieran a resolver, a ganarse algo para poder comer.

De tal manera ha destruido los valores el socialismo, que ahora es visto como signo de fortaleza entre las jóvenes el salir a prostituirse para llevar algo a casa. De eso viven muchos jubilados, que lejos de levantar las cejas a sus nietas, les lloran agradecidos. Un sistema político que arroja generaciones de prostitutas es a todas luces un error histórico. Mis amigos cubanos exiliados en México siempre me decían que era mejor una Cuba de Batista, con sangre, que una de Fidel, con hambre.

Miles de muchachas eran jineteras, es decir, una clase especial de prostitución en la que tripulan a un extranjero desde que lo ven, y no lo sueltan hasta que deja el país. Así se benefician de ellos durante varios días.

Platiqu√© con varias. Una me dijo: ‚Äúchico, yo ya no creo en nada‚ÄĚ. Alud√≠a a Fidel, al socialismo, pero tambi√©n a las religiones. El socialismo hab√≠a derruido en ella la moral y la fe tanto como la humedad y el salitre los edificios de la Habana Vieja. Ni√Īas que a los 19 a√Īos ya eran nihilistas.

El ‚ÄúSociolismo‚ÄĚ como recurso

Pero otros sí se refugiaban en las religiones. En parte por la fe, pero también porque aprendieron a sobrevivir gracias a la herencia africana. La santería y el palo mayombe se convirtieron en un gran atractivo cultural para el turismo, y cada vez se cobraban más caras las ceremonias y rituales.

Europeos, y latinoamericanos asistían con los babalaos y las santeras a intentar leerse el futuro, con el tablero de Ifa o con los caracoles. O bien, en el Nkisi Malongo, mediante los chamalongos.

En Cuba la gente odia al socialismo, pero en cambio practica el ‚Äúsocialismo‚ÄĚ. Mientras el socialismo te destruye la econom√≠a, la familia, y la esperanza, el ‚Äúsocialismo‚ÄĚ era la forma de resolver. Socio es cualquiera que te colabore para ganar algo de guanikiki. Nadie dice nada, el silencio garantiza poder sobrevivir. Los que trabajaban enrollando hojas de buen tabaco para hacer puros, por supuesto sustra√≠an todos los que pod√≠an para hacer negocio por fuera.

Todo mundo robaba lo que podía. Los que trabajaban en los restaurantes de hoteles grandes, hacían saqueo hormiga, llevándose lo que podían a sus casas, escondido. Invité a comer al Tritón a un amigo cubano y sacó una bolsa de nylon y guardó sus bisteces y papas para llevarlo a sus nietos. No comió nada en el lugar.

Los que eran estibadores en los muelles, sustra√≠an costales de arroz o frijol, o de lo que fuera. Con eso com√≠an sus familias. O lo vend√≠an. Jam√≥n, queso y productos enlatados, no se le vend√≠an al cubano. S√≥lo se consegu√≠a todo eso en tiendas para extranjeros. As√≠ es su socialismo. Todo para el que lleva fula. D√≥lares. Nada para el pobre trabajador, al que seg√ļn iban a reivindicar esos barbones zurdos.

Pero se reivindicaron ellos solos. Fidel apareciendo en la lista Forbes como uno de los más ricos del mundo. 900 millones de dólares, nada más. Y su hijo paseando en yates en Grecia. Ahí fue a dar el sudor y esfuerzo de la gente de abajo. A mantener tiranos y a sus familias.

Los √ļnicos autos buenos, del a√Īo, y lujosos, eran por supuesto, los de funcionarios de gobierno. Y de sus juniors. Hijos de papi. La gente los odiaba. Todos los dem√°s autos eran carcachas de los a√Īos 40s. Y no hay refacciones. Todo era viejo en Cuba. Los frigidaires eran bastante antiguos ya. El socialismo detuvo en el tiempo a Cuba, lo dej√≥ en el pasado.

C√°rcel y bananas para opositores

M√©xico es tambi√©n un pa√≠s con carencias, pero daba gusto, ya de regreso, que en cualquier esquina vendieran quesadillas y tacos. Y que una playera la compras donde sea por medio d√≥lar o menos. Es un mito eso de que en Cuba todos tienen estudios. Muy pocos van a una universidad. Y aunque hayan ido, no sirve de nada. Un ingeniero amigo, ganaba el equivalente a 15 d√≥lares al mes. Y no quer√≠a jubilarse porque le iban a reducir a√ļn m√°s esa cantidad pat√©tica e inservible.

En Cuba el socialismo y los delirantes caprichos de Fidel y su casta de privilegiados, llevaron a la gente a perder sus vidas en la pobreza y el desamparo. Todos orillados a la delincuencia.

A eso empuja el socialismo a la gente. Al exilio, a vivir de lo que manda la familia en la di√°spora, o a delinquir. En la c√°rcel, donde hay m√°s presos por razones pol√≠ticas que por otras razones, les dan puras bananas verdes y agua tibia. Qu√© sistema tan mort√≠fero. Hasta los terroristas deben pasarla mejor en Guant√°namo que en la Cuba de los Castro, donde no existen los derechos humanos, ni la democracia, ni pluralidad de partidos, ni libertad de expresi√≥n. Toda una dictadura bananera en pleno siglo XXI. Y todav√≠a as√≠ se sienten los gur√ļs de otras lacras como Evo y Maduro.

¬ŅCu√°ndo se largan los socialistas de Cuba? ¬ŅHasta cu√°ndo la paciencia de los cubanos, un pueblo generoso y noble? Y pensar que a√ļn hay idiotas que promueven el socialismo en M√©xico y en Am√©rica Latina.

* Ra√ļl Tortolero es Consultor Pol√≠tico mexicano, con doctorado en Derechos Humanos y Maestr√≠a en Filosof√≠a, Cultura y Religi√≥n. Escritor y Periodista.

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