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El crimen paga

Escribe: Juan Guillermo Martín*.-

Ese fue el título que tuvo el primer álbum recopilatorio de la Fania Records para Willie Colón en 1972. Hoy, en el 2021, parece ser la frase que mejor define a los funcionarios públicos de este gobierno. Dos de ellos, los ministros de vivienda y ciencia, tecnología e innovación, se han visto involucrados en comprobados casos de plagio y auto-plagio. Vamos por partes.

¿Qué es plagio? ¿Qué es auto-plagio? Se trata del uso indebido de textos escritos por otros, haciéndolos propios, sin citarlos correctamente. El auto-plagio es una forma sutil de plagio, en donde los autores, a falta de ideas nuevas, reciclan las propias sin mencionar que ya fueron publicadas. En ambos casos, falta gravísima en el ámbito académico, sobre todo para quienes tienen la responsabilidad de formar las nuevas generaciones de profesionales de este país.

Las denuncias, y documentación de estos casos, fueron adelantadas minuciosamente por el Grupo Plagiosos, en cuyo portal han denunciado ya 53 casos comprobados de este delito (https://www.plagios.org/).

La situación de los citados ministros, ambos profesores universitarios, pone de manifiesto la complicada situación que vive la educación superior en Colombia. Aquellos que deben garantizar el uso correcto de las fuentes y el manejo impecable de la información científica disponible, hacen todo lo contrario, con el fin de inflar sus hojas de vida académica (aquí en Colombia conocido como CVLac), cumplir con las exigencias de las instituciones educativas para las que trabajan, que reclaman día a día a sus docentes más publicaciones de alto impacto, con el fin de ascender en los ranking mundiales. Por ello, y aunque el delito sea evidente, las universidades se han vuelto cómplices de esta irregularidad. Mientras los docentes sumen puntos, nadie pregunta cómo lo hacen.

El nombramiento reciente del Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, un “científico” absolutamente desconocido por la comunidad académica de este país hasta que comenzaron a hacerse públicas un sinnúmero de irregularidades en su hoja de vida y en la universidad que hasta hace poco regía, ha sido criticado por la comunidad científica del país, así como entidades prestigiosas como la Fundación Alejandro Ángel Escobar y la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; sin embargo, las Instituciones de Educación Superior aún no se han pronunciado.

¿Miedo al recorte en financiación para la investigación? ¿Temor por pérdida de becas de formación? El silencio otorga, dicen.

El daño está hecho. Tenemos dos ministros, Vivienda (ver https://www.plagios.org/estudio-de-caso-40-plagio-en-tesis-doctoral-de-jonathan-tybalt-malagon-gonzalez-en-la-universidad-de-tilburg-paises-bajos-europa/) y Ciencia, Tecnología e Innovación (ver https://www.plagios.org/denuncias-de-plagio-y-malas-practicas-en-la-universidad-de-la-costa-colombia/) que han cometido serias faltas académicas. Sin embargo, dichas faltas les han valido espacios laborales en universidades y, en este gobierno, la confianza suficiente para asumir sus respectivos ministerios. Cargos de enorme responsabilidad que en cualquier otro país, ocupan especialistas de las más altas calidades.

Aquí en Colombia, salvo contadas excepciones, son cuotas políticas para alinear partidos y garantizar lo que ellos mismos denominan “gobernabilidad”.

El mensaje no puede ser peor para un profesor universitario como yo, que día a día busca que sus estudiantes desnaturalicen el fraude, en el país que pregona con gracia que “el vivo vive del bobo”. Este gobierno me dejó sin argumentos cuando identifico una trampa académica, porque al final, los pocos que sucumben a la salida fácil, tendrán la ilusión de estar construyendo una sólida carrera hacia un ministerio de Estado.

* Juan Guillermo Martín, Arqueólogo y docente universitario

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