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El desgarro de la sociedad peruana: dos meses de crisis

Ambos poderes se han aferrado con fuerza a sus cargos con el riesgo de que la fractura y la frustraci贸n con parte de la poblaci贸n se hagan a煤n m谩s profunda. (EFE)

Lima, febrero 2023 (EFE).- Casi 70 muertos, centenares de heridos y marchas multitudinarias en diversos puntos del pa铆s no parecen haber sido suficientes para que el Ejecutivo y el Legislativo se pongan de acuerdo para aprobar un adelanto electoral, anunciar renuncias, mostrar autocr铆tica o un esfuerzo de di谩logo con los manifestantes para calmar la situaci贸n.

Hace dos meses exactos, el entonces presidente peruano Pedro Castillo, con manos temblorosas y voz nerviosa, intent贸 un autogolpe de Estado que fracas贸, pero que sirvi贸 para destapar una caja de Pandora de la que salieron violencia, protestas y fantasmas del pasado, que han sumido al pa铆s en una crisis a todos los niveles sin luces de salida a la vista.

M谩s bien, ambos poderes se han aferrado con fuerza a sus cargos con el riesgo de que la fractura y la frustraci贸n con parte de la poblaci贸n se haga a煤n m谩s profunda.

La toma de aeropuertos, el desalojo con una tanqueta de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos de Lima, el cuerpo quemado de un polic铆a en Juliaca, la regi贸n de Puno pr谩cticamente militarizada o menores de edad fallecidos, son las dram谩ticas escenas de conflicto borrosas por las miles de bombas de gas lacrim贸geno que han enturbiado las protestas.

Por si fuera poco, la acusaci贸n de terroristas usada por parte la poblaci贸n, e incluso por el Gobierno, contra otra parte de la sociedad ha abierto heridas de un sangriento pasado reciente.

鈥淣o somos terroristas鈥, lloran los familiares de las v铆ctimas fallecidas en estas semanas y claman los manifestantes en las calles.

Dos meses de desconexi贸n pol铆tica

Cuando el 7 de diciembre, la hasta entonces vicepresidente, Dina Boluarte, asumi贸 el cargo de jefa de Estado dijo que permanecer铆a como mandataria hasta 2026, algo que contribuy贸 a encender las calles de diversos puntos del pa铆s, sobre todo en el sur.

Votantes de Castillo vieron como Boluarte, de perfil pol铆tico bajo y notablemente escorado a la izquierda, comenzaba a reprimir las primeras protestas con fuerza y, enseguida, le comenzaron a llamar 鈥渢raidora鈥 y 鈥渦surpadora鈥. Con el tiempo, estos insultos se tornaron en uno m谩s duro: 鈥淎sesina鈥.

Cuando los muertos en las manifestaciones ya superaban la decena, la presidenta cambi贸 su discurso y anunci贸 que eran un Gobierno de transici贸n. La situaci贸n ha seguido escalando tanto que el Ejecutivo present贸 ante el Congreso un proyecto de ley de adelanto electoral. Pero si el Gobierno parec铆a que no iba a caer, el Legislativo tampoco estaba dispuesto. En la 煤ltima semana rechazaron hasta cuatro proyectos legislativos que inclu铆an el adelanto de comicios generales, propuestos por diferentes partidos, pero todas acabaron con el mismo resultado: No se van.

As铆, uno de los principales reclamos de las protestas, que es la oportunidad en el corto plazo de votar por nuevos l铆deres que quiz谩s puedan desatascar esta situaci贸n, queda pr谩cticamente descartado, puesto que, para que se apruebe un proyecto de ley con esta reforma, esta se tendr铆a que dar antes del d铆a 10 de febrero, fecha en la que concluye la presente legislatura.

Esa posibilidad parece pr谩cticamente imposible tras los continuos episodios que el Congreso ha protagonizado en las 煤ltimas semanas y que muestran desconexi贸n con la sociedad y poca voluntad pol铆tica de calmar los 谩nimos.

La represi贸n policial

El mensaje que no ha cambiado por parte del Gobierno es el de engrandecer la 鈥渋nmaculada鈥 y 鈥gloriosa鈥 actuaci贸n de la Polic铆a Nacional, que, contrariamente, ha protagonizado numerosas im谩genes de incapacidad de gesti贸n del orden p煤blico.

En total, 47 personas han muerto en enfrentamientos con las fuerzas del orden. Ayacucho, Andahuaylas, Arequipa o Juliaca, donde manifestantes quemaron a un polic铆a, y las calles del centro de Lima han sido testigos de una enorme presencia policial y de una represi贸n que organizaciones de derechos humanos han definido como 鈥渋ndiscriminada鈥 y con un claro componente 鈥渞acista鈥.

A esa escena se ha sumado otra muy habitual. La de miles de polic铆as marchando por las calles a ritmo de c谩nticos propios de un desfile, asemejando las ciudades peruanas a un cuartel.

Las cr铆ticas se han multiplicado con los ataques indiscriminados contra la prensa, m谩s de 150, seg煤n la Asociaci贸n Nacional de Periodistas (ANP), la mayor铆a protagonizados por agentes policiales.

Hasta el momento, ni la presidenta Dina Boluarte ni el jefe de gabinete, Alberto Ot谩rola, ni ninguno de los ministros responsables de las carteras de Interior o Defensa han criticado en p煤blico estos ataques que se han convertido tambi茅n en la rutina de cada jornada ante las insistentes peticiones de los gremios que reclaman respeto para el derecho a informar.

Tampoco han faltado los ataques por parte de manifestantes contra trabajadores de los medios de comunicaci贸n que tratan de cumplir con honestidad su labor.

El oscuro panorama lo completa la muerte de catorce personas que han fallecido en sucesos relacionados con los paros. Tambi茅n Acnur ha reportado la muerte de siete haitianos que quedaron varados en la sure帽a regi贸n de Puno, en localidades cercanas a los 4.000 metros de altura, expuestas a adversidad clim谩tica y limitado acceso a servicios b谩sicos.

Los paros y piquetes tambi茅n han provocado desabastecimiento durante d铆as de combustible y alimentos en ciudades como Cuzco, Juliaca o la regi贸n de Madre de Dios.

El panorama pinta complejo porque no hay una soluci贸n en el horizonte y la violencia, si bien ha disminuido, con la tensi贸n que se acumula y respira en Per煤, no hace falta que ocurra mucho para que vuelva a encenderse.

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