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El socialismo es un virus resistente y peligroso

Escribe: David Ruíz Gualo*

El socialismo como virus que es, y que contagia todo nuestro día a día, es necesario combatirlo y erradicarlo, con la intención de vivir en una sociedad sana, libre y que represente los valores que un día hicieron de Colombia una nación respetada y admirada.

Desde el nacimiento del socialismo en España, en 1879, y su hijo bastardo, el comunismo en 1921, su objetivo ha sido la destrucción de España y para conseguirlo no dudarían en utilizar a los españoles.

Qué dirían si os digo: “Una idea es como un virus, resistente, altamente contagioso y peligroso. La semilla más pequeña de una idea puede crecer, puede crecer para definirte o destruirte”. ¿Ficción o realidad? La frase corresponde a una magnífica película, Origen, donde el protagonista de la misma, Leonardo DiCaprio –Dom en la película–, lleva a la practica el germen de una idea en su propia mujer, con terribles consecuencias para ella, desembocando en la locura y posterior suicidio, al no distinguir sueño de realidad.

Pero, ¿pensáis que sólo es cosa de la ficción, o puede pasar en la realidad? Permítanme que os haga spoiler de una película de la cual somos protagonistas, pero que muchos, una gran parte de la sociedad, no distinguen sueño de realidad, lo que dará con nuestros huesos en la lona, como sociedad.

Definiéndonos como sociedad. Una sociedad que poco o nada se parece a la sociedad que construyeron nuestros antepasados a base de valores arraigados, transmitidos y compartidos. El trabajo, el esfuerzo, el sacrificio, la solidaridad, la ambición, la constancia eran valores no negociables.

Esta película, comenzó hace décadas, pero un momento clave es cuando el italiano, Antonio Gramsci, el marxista, Antonio Gramsci, en el primer tercio del siglo XX, utilizó como base la terminología de Karl Marx –infraestructura, superestructura y bloque hegemónico–. Su germen de idea era crear un bloque hegemónico, y para ello era necesario la batalla cultural desde todos los frentes, con el objetivo de crear una nueva sociedad, con un nuevo orden moral.

Ese movimiento requería utilizar todos los frentes posibles, todas las trincheras que fuesen necesarias para llegar al mayor número de extractos de la sociedad, con el fin de filtrar y canalizar su germen de idea –su ideología: marxismo–. Por ello, toda la sociedad debía de contribuir, mediante su participación – asumiendo ideas ajenas hasta ese momento–, a implantar e imponer un nuevo modelo de sociedad. De ahí los conceptos de infraestructura –los diferentes extractos de la sociedad–, la superestructura –los promotores de los nuevos valores–, consiguiendo así una hegemonía mediante la imposición la interacción entre ejecutores y los promotores.

Antonio Gramsci murió en 1937 pero su obra aún perdura, es más, diría que su germen de idea ha enraizado en nuestra sociedad y está más viva que nunca. Y sino, qué es sino la Agenda 2030 –la superestructura– y las diferentes organizaciones, administraciones, sindicatos, asociaciones, fundaciones, patronal o plataformas –la infraestructura–, que han transformado la sociedad de arriba abajo, asumiendo valores, que nunca fueron autóctonos o propios, y desterrando aquellos valores transmitidos de generación en generación, y que hacían a España ser una nación respetada y valorada.

Y es que, al igual que ocurre en la citada película –Origen–, la sociedad española encerró un secreto, muy dentro de sí misma, algo que una supo que era verdad, pero que decidió olvidar. Y una sociedad que olvida lo que es, está condenada a su olvido y por ende a su destrucción y muerte.

Desde el nacimiento del socialismo en España, en 1879, y su hijo bastardo, el comunismo en 1921, su objetivo ha sido la destrucción y para conseguirlo no dudarían en recurrir al populismo, la mentira y las patrañas. No han sido pocas las veces que lo han intentado mediante la violencia, no en vano, provocaron la Guerra Civil en España –en 1936–, y viendo que España prevalecía, decidieron retomar el germen de Antonio Gramsci –la batalla cultural–. Y aquí, si os puedo decir, que, en pleno agosto de 2023, apoyados por esa Agenda 2030, se puede decir que han llegado más lejos que nunca, convirtiendo y transformando a la sociedad, en algo que nunca fue, y en algo que no representa los valores tradicionales de España. Para ello, lo primero que hicieron, fue guardar en lo más profundo de nuestra alma, como sociedad, nuestra memoria, nuestros recuerdos y el testigo heredado de nuestros antecesores. ¿Su herramienta?, lobotomizar a través de la educación y la comunicación.

No es de extrañar, por tanto, que hoy España la mitad de la sociedad española dependa del sistema, mediante subsidios, pensiones o empleos públicos. No es de extrañar, por tanto, que frente al peor gobierno que hayamos podido tener, no por mayor o menos simpatía, del que les escribe, sino por datos objetivos, la sociedad española no haya castigado tal gestión, sino que además ha sido premiada. Si me permiten, no es de extrañar, por tanto, que los que siempre han compartido el amor por la destrucción de la nación española, estén más unidos que nunca –socialistas, comunistas, Bildu, Erc, Pnv, Juntos por Cataluña y Bng–.

Un germen de idea, el de Antonio Gramsci, que cada vez tiene más adeptos, y que el supuesto “principal partido de la oposición”, el Partido Popular, hace suya, al sumarse a ese bloque hegemónico. Un Partido Popular que estás elecciones pasadas, celebradas el 23 de julio, se dedicó a recopilar votos para posteriormente sumarlos al bloque hegemónico. No lo digo yo, lo dice y lo intenta el propio Alberto Feijóo, al suplicar un pacto al Partido Socialista o incluso hacerse querer por los golpistas de Juntos por Cataluña. Guardar en lo más profundo de nuestra alma, nuestros recuerdos y nuestros valores, es lo que permite a este bloque hegemónico campar a sus anchas, aquí y allí donde imperen, cuando dicen sentirse orgullosos de ser socialistas o comunistas, como en multitud de ocasiones lo ha hecho el mismo Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Yolanda Díaz o recientemente el propio Lula Da Silva, diciendo literalmente que “luchamos contra el discurso de la familia, las tradiciones y el patriotismo. La derecha es fascista. No nos ofende que nos llamen comunistas, nos enorgullece, lo merecemos”.

Cuando el socialismo y el comunismo son los regímenes más sanguinarios de la historia –insisto, los más sanguinarios–, los más criminales.

Lo permitimos, porque nos han robado lo más preciado, nuestros valores y nuestra memoria. Y por ende, desconocemos a quien tenemos delante de nuestros ojos, y como siempre os digo, desconocemos de lo que son capaz de hacer.

¿Preferimos vivir nuestra realidad o preferimos vivir la vida supuestamente idílica que nos proponen? Estamos ante una batalla: la de David contra Goliat, pero ya sabemos cómo acabo esa batalla. Apuesto por recuperar aquello que un día decidimos olvidar, por la “comodidad del todo dado”, a pesar de saber que eran las herramientas para avanzar como sociedad, porque así nos los demostraron nuestros padres, antes nuestros abuelos y antes nuestros bisabuelos.

El socialismo como virus que es, y que contagia todo nuestro día a día, tenemos que combatirlo y erradicarlo, con la intención de vivir en una sociedad sana, libre y que represente los valores que un día hicieron de nuestra patria una nación respetada y admirada.

Y si Lula, y sí socialistas, y sí comunistas, España, Colombia y muchos otros países, saldrán adelante apostando por la familia, como la institución más antigua, apostando por nuestras tradiciones, nuestras costumbres y por supuesto nuestros valores como sociedad que representa a las naciones con más historia democrática. Recuperemos nuestra realidad, eliminemos el germen.

* David Ruíz Gualo, Licenciado en Administración y Dirección de Empresas. Más de 14 años de experiencia en la gestión de cuentas de explotación y equipos de trabajo para grandes empresas de la distribución. Presenta y dirige La Imaginaria, programa de radio que se emite en España y Ecuador.

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