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La democracia de papel

Escribe: Luis Beltrán Guerra*

Más que apoyo popular, los gobiernos antipopulares “suelen guarecerse en los cuarteles”. (Archivo)

Los regímenes con vocación de permanencia en el poder, cuando no cuentan con apoyo popular suelen acurrucarse con la gente de uniforme. Es lo que por allí llaman “El arbitraje castrense”.

En Venezuela una vez terminadas las elecciones parlamentarias de 2010, en las que la oposición sufragó más votos pero no alcanzó más curules en la Asamblea Nacional, Pedro Manuel Tillero Gómez (revolucionario) y Sonia Mercedes Mijares (socialdemócrata), deciden conformar un grupo para estudiar el proceso electoral de cara a las probabilidades de un fraude, palabra que se ha hecho común a lo largo y ancho del país. Trece años después Pedro y Sonia son marido y mujer y el proceso eleccionario para elegir al candidato que enfrentaría a Nicolás Maduro en el 2024 les entusiasma. Sonia, acuciosa como siempre, trae a colación lo que califica como una apreciación romántica de las fuentes con respecto a la Constitución Bolivariana, leyendo que el texto define a la organización jurídico-política que se adopta como un “Estado democrático y social de Derecho y de Justicia”. Pero, además, que ese Estado “propugna el bienestar de los venezolanos, creando las condiciones necesarias para su desarrollo social y espiritual, y procurando la igualdad de oportunidades para que todos sus ciudadanos puedan desarrollar libremente su personalidad, dirigir su destino, disfrutar los derechos humanos, y buscar su felicidad”. No solamente ha leído irónicamente, sino que sus gestos reafirman “animosidad”. Y así lo constata su marido, cuyo fervor revolucionario para la ocasión se ha, prácticamente, extinguido.

Se enfrascan en discusiones concernientes a la primera etapa de vigencia de la “Carta Constitucional”, durante los años de vida de Hugo Chávez en ejercicio de la presidencia y el mandato a sus seguidores para escoger a Nicolás Maduro en caso de su fallecimiento. “La subalternidad” entendió que aquello era una orden, cumpliéndola al pie de la letra. Y Nicolás gobierna desde el 8 de marzo del 2013, o sea, durante 10 largos años. Pero, además, completos.

¿Proseguirá?, pregunta Pedro Miguel, para Sonia más que una pregunta un aserto. Y agrega que en el grupo, que creamos a raíz del anómalo resultado de las elecciones parlamentarias del 2010, analizamos este tema, concluyendo que cuando la fuerza popular está a favor de un determinado régimen, este perdura hasta que el último se diluya. Y para el 2024, a pesar de que “la revolución” (entre paréntesis), no es tan sólida como en aquella década, goza del apoyo castrense y este es determinante. En Venezuela, grábatelo, mi amado Pedro, parangonando la conocida máxima de que “Más vale un mal acuerdo que un buen pleito”, que define pasajes del proceso judicial, “el visto bueno castrense” no deja de ser decisorio. Y el actual gobierno lo tiene. Y yo estimo que los venezolanos lo sabemos. Por tanto, más que apoyo popular, los gobiernos antipopulares “suelen guarecerse en los cuarteles”.

Pero ello es una trasgresión al régimen constitucional, afirma Pedro Miguel, leyendo del propio texto Constitucional “Capítulo III, De la Fuerza Armada Nacional: 1. Es un cuerpo militar uniforme, 2. Pero manteniendo cada uno de los cuatro componentes, sus características y especificidad como Fuerza, 3. Es esencialmente profesional, sin militancia política, 4. Está subordinada a la autoridad civil y 5. Su función es garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico”. Especial mención hemos de hacer, querida Sonia, al precepto conforme al cual “la Guardia Nacional tendrá como responsabilidad básica la conducción de las operaciones exigidas para el mantenimiento del orden interno del país, considerado éste como el estado en el cual se administra la justicia, se consolidan los valores de libertad, democracia, independencia, paz, solidaridad, bien común, integridad territorial, convivencia e imperio de la Constitución y la ley”. No sé si piensas como tu marido, que se consagra una “abertura” lo suficientemente grande para “la ciudadanía y que la civilidad” asuma que ha de estar “A discreción, Firm”. Y tengo, también, dudas, Sonia amada, si no es un “abrebocas” a la participación política la legitimación a los hombres de uniforme para ejercer el derecho al sufragio. Los regímenes con vocación de permanencia en el poder, cuando no cuentan con apoyo popular suelen acurrucarse con la gente de uniforme. Es lo que por allí llaman “El arbitraje castrense”. Una “ciudadanía” bien consolidada es requisito sine qua non para la edificación, vigencia y fines de la democracia.

La ausencia de ella conduce a las “democracias de papel”, denominación aplicable en más de un caso. En España, nuestra Madre Patria, se mora en un alboroto con ocasión de lasrecientes elecciones entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo (la izquierda y la derecha, cada una maltratada), en una encerrona por migajas de votos para decidir quién gobernará. Francisco Fernández Santos analiza la situación preguntándose, en l980, de dónde venimos, para responderse “del desierto”, esto es, del “Franquismo”, un intento sistemático de “desertización” de la conciencia colectiva de los españoles. Su destino era vegetar y esperar. La España democrática presenta una curiosa condición anfibia: Una parte del cuerpo arrastrándose aún por los mortíferos del franquismo y la otra abriéndose, pero con serias dificultades, camino a la libertad. “La creación de una conciencia democrática es obra difícil y de largo aliento”, es otra de las acotaciones significativas de Fernández-Santos. Pedro Miguel, respóndeme, “si así se percibía la naciente democracia española, país conquistador y de historia plena de logros”, en las tierras liberadas de su colonia, “la ciudadanía”, que demanda la democracia, sine qua non, para ser real, nos llevaría a comprender más fácilmente las dificultades de este anhelado sistema político en América Latina. Negarlo es abusar de la historia, responde Pedro Miguel. “Es engañarnos”, adiciona Silvia Mijares.

A Pedro Miguel se le ocurre plantear el rescate del partido “El Elector”, que crearan en el 2010, con la finalidad de que ambos participen en las elecciones primarias de octubre en Caracas, a fin de escoger al candidato que competiría con Nicolás Maduro en las presidenciales del 2024.

Pero Sonia, ni siquiera responde. Se limita a entregar a su marido una especie de “chuleta” donde ha escrito “Si no construimos ‘una conciencia democrática nacional’, nuestra democracia seguirá siendo nominal”. Esto es, de papel.

* Luis Beltrán Guerra, Doctor en Derecho (Harvard University) – Profesor de Derecho Administrativo Fundador (Partner) Luis Beltrán Guerra G. Asociados

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