La revoluci贸n como fetiche

Escribe: Asier Morales Rasquin*

Para los neo-comunistas el fin 煤ltimo y, tambi茅n a veces el camino para llegar ah铆, es la revoluci贸n. (Foto: Flickr)

El coraz贸n simb贸lico de los herederos actuales del comunismo est谩 plagado de contradicciones acomodaticias y terrenos bald铆os.

Dejando de lado un grupo de afiches y consignas, los herederos del comunismo tienen pocos s铆mbolos propios, por lo que no es de extra帽ar su inclinaci贸n a las expropiaciones, no solo de bienes materiales, sino tambi茅n culturales.

Esto es especialmente cierto para las posiciones m谩s radicales, populistas y criminales; caracter铆sticas que, por lo visto, vienen juntas.

Una vez que un s铆mbolo es confiscado por socialistas fan谩ticos, el siguiente paso es aislarlo de toda asociaci贸n previa, de manera que termina siendo una especie de t贸tem, disecado de sentido y despojado de la riqueza que le hac铆a un s铆mbolo. Ahora se erige de forma que aparenta fortaleza, presencia y contenido.

Una de las palabras que ha perdido casi todo su sentido, al margen del repetitivo ideario socialista, es 鈥渞evoluci贸n鈥.

Aunque parezca incre铆ble, tanto la palabra como el fen贸meno exist铆an antes de Marx. Revoluci贸n quiere decir cambio, generalmente profundo y posiblemente violento, aunque esta 煤ltima no es una condici贸n indispensable del concepto original.

La direcci贸n de un cambio social no est谩 obligada a ser igualitarista, pero la palabra sufre un secuestro tan celoso, que para aludir a cualquier otro tipo de revoluci贸n hacen falta m谩s explicaciones. Hoy ser revolucionario significa estar adscrito a una ideolog铆a particular.

Totemismo socialista

Del mismo modo en el que el vocablo se ha hecho casi exclusivo de un color pol铆tico, el concepto ha venido haci茅ndose cada vez m谩s central para sus seguidores, dejando poco espacio para ninguna otra representaci贸n, dibujando las formas de un monote铆smo sectario, incapaz de asimilar nuevas o diferentes ideas, a menos que se subordinen al 煤nico 铆dolo elegido. Vale la pena aclarar que desde el punto de vista del estudio de las creencias, el socialismo extremo engloba un grupo de conceptos materialistas susceptible de organizarse como una religi贸n, pero careciendo de los elementos m谩s importantes de la misma 鈥攜 posiblemente m谩s valiosos鈥, le falta esperanza para decirlo de manera simple, escatolog铆a, en t茅rminos m谩s propiamente religiosos.

Lo importante es que para los neo-comunistas el fin 煤ltimo y, confusamente tambi茅n a veces el camino para llegar ah铆, es la revoluci贸n. No es casual que contradicciones notables y destructivas como la 鈥渞evoluci贸n permanente鈥 demanden la imposibilidad del sosiego. El descanso forma parte de las filas simb贸licas de la burgues铆a, de manera que supone un tipo de traici贸n.

Estas revoluciones necesitan estar cambiando constantemente y, adem谩s, no puede haber distracciones pues en cualquier momento aparece un brote de聽statu quo聽que ser谩 necesario cauterizar. El problema es que el descanso y la estabilidad son aspectos elementales de cualquier f贸rmula civilizada, a menos que volvamos a sociedades de n贸madas y cazadores. No podemos 鈥攏i deseamos鈥 estar todos en guerra constantemente.

En la misma idea, ser谩 imposible alinear con algo de sensatez el arrebato impulsivo del inconformista que desea alterar radicalmente el orden de las cosas, con la apacible imagen de igualdad social que funciona a manera de confusa estrella polar. No se trata solamente de que tal igualdad sea ut贸pica, sino que por concepto ser谩 incapaz de satisfacer el af谩n revolucionario m谩s primario por el cambio. Esta es otra de sus innumerables contradicciones.

Terrenos bald铆os

La intenci贸n de proto-paradojas como la 鈥渞evoluci贸n permanente鈥 es maquillar con un aura de poes铆a y romanticismo un pu帽ado de palabras vac铆as, que jam谩s han contado con un mecanismo efectivo de implementaci贸n social, mucho menos democr谩tico. Se trata del mismo prop贸sito publicitario que llevar铆a a Trotsky a hablar de鈥渄ictadura democr谩tica鈥 o a Ernesto Guevara聽a su eslogan m谩s viral:鈥渉asta la victoria siempre鈥.

Estas ideas no solo son estafas malintencionadas, sino que, ante un m铆nimo an谩lisis resultan disparatadas. El cambio y la permanencia son estados del natural fluir de los acontecimientos.

Hace falta que haya algo establecido para revisar posibilidades de cambios, a su vez, ellos necesitan asentarse para poder volver a suponer opciones de mejora. Si se trata solo de cambiar constantemente hablamos de la angustia del movimiento por s铆 mismo, sin direcci贸n ni sentido. Pronto no habr谩 nada que cambiar pues el 煤nico pilar conceptual es destruir instituciones previas, un absurdo que acompa帽a elocuentemente a la lamentable historia del comunismo que, por lo visto, hoy reaparecen Am茅rica Latina y Espa帽a.

Rebeli贸n adolescente

El impulso de acabar con la tradici贸n establecida y empezar desde cero habita en la humanidad desde sus m谩s tiernos inicios, especialmente cuando alg煤n paradigma tradicional se ha agotado.

Si hablamos del desarrollo psicol贸gico individual, un proceso equivalente aparece en la adolescencia. Sabemos que el p煤ber se rebela contra el orden establecido por sus padres, como parte del proceso natural de b煤squeda y construcci贸n de su personalidad. Sin embargo, el curso vital de ese adolescente no va a resultar demasiado amistoso si la rebeli贸n se hace permanente y totalitaria. Como dec铆amos, las transformaciones ocurren con la intenci贸n de establecer otro orden, no para seguir cambiando tercamente.

No afirmo, por cierto, que esta imagen de cambio permanente sea el destino de las revoluciones socialistas, al contrario, atemorizadas de sus propias consignas, pronto instauran r铆gidos edificios de fanatismo, mucho m谩s retr贸grados, conservadores y poco dialogantes que los de aquellos contra quienes se rebelaron en un primer momento. Pero claro, como surgen del entusiasmo del p煤ber,鈥渁quellos fueron errores de quienes implementaron buenas ideas鈥, 鈥渆sta vez ser谩 diferente鈥.

Las estructuras inseguras evolucionan en direcci贸n al fanatismo y a la hipocres铆a.

Para mantener encendida la llama de la pasi贸n y de la protesta, el departamento de marketing y publicidad de la revoluci贸n sigue disparando slogans baratos. Venden nociones de igualdad, del hero铆smo de la rebeld铆a con intenciones justicieras que contradicen, sin ir muy lejos, el estilo de vida y las pol铆ticas de sus propios l铆deres.

El coraz贸n simb贸lico de los herederos actuales del comunismo est谩 plagado de contradicciones acomodaticias y terrenos bald铆os, pero con suficientes repeticiones e im谩genes de falsa valent铆a, logran atraer a multitudes de confundidos y en茅rgicos j贸venes.Me refiero a personas que se encuentran literalmente en la etapa adolescente o a quienes se han quedado estancados en ella.

* Asier Morales Rasquin es psic贸logo cl铆nico, psicoterapeuta, egresado de la doble diplomatura en Econom铆a de la Escuela Austr铆aca de la Universidad Monte谩vila de Caracas e investigador del Centro Juan de Mariana de Venezuela.

Deja un comentario

Tu direcci贸n de correo electr贸nico no ser谩 publicada.