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La temporada del machete

Escribe: Andr茅s Villota G贸mez*.-

Es un error de c谩lculo pol铆tico asumir que los colombianos aceptan la violencia como m茅todo despu茅s de 50 a帽os de amenaza terrorista permanente. (EFE)

Las consecuencias de lo que est谩 pasando en Colombia van a tener un costo enorme para los dise帽adores de narrativas.

Radio T茅l茅vision Libre des Milles Collines (RTLM), un canal de radio y televisi贸n privado, fue determinante para incitar y dirigir el exterminio de la poblaci贸n tutsi en Ruanda, seg煤n los relatos de 10 de los autores de las masacres que fueron compilados por Jean Hatzfeld en su libro Machete Season.

El locutor Georges Ruggiu, por ejemplo, construy贸 toda la narrativa de la esclavitud con base a una supuesta discriminaci贸n tutsi contra los hutus en el sistema educativo colonial, contando la historia de la primera escuela para tutsis en 1917 que, supuestamente, neg贸 la educaci贸n para los hutus que los convirti贸 en los esclavos de los tutsis. El discurso de Riuggiu en esas transmisiones logr贸 presentar la esclavitud hutu como algo real porque puso de referencia a unos supuestos 鈥渄ocumentos hist贸ricos鈥 y asever贸, sin ninguna evidencia hist贸rica real, que los tutsis hab铆an exterminado a los reyes hutus y esclavizado al pueblo hutu.

Los hutus, que perpetraron el genocidio, fueron tan f谩cilmente influenciables y manipulables porque eran analfabetas funcionales que, salvo por lo que dec铆an en la radio, no ten铆an motivos reales para haber asesinado a machetazos a los tutsis, seg煤n se lo relataron a Hatzfeld. De hecho, hab铆a uno que estaba casado con una tutsi, casi todos ten铆an amigos o jugaban al f煤tbol con los tutsis, y casi todos esperaban volver a sus casas y seguir con su vida familiar normal despu茅s de haber perpetrado la masacre porque consideraban m谩s que justificada su acci贸n salvaje con base a la narrativa de la libertad de los esclavos hutus.

Meghan Lyon de la Universidad de Duke, analiz贸 los programas radiales de RTLM y pudo establecer que los comunicadores sociales ruandeses se apoderaron de una narrativa que construyeron y difundieron como la 煤nica verdad existente, lo que llev贸 a Lyon a concluir que existe un fen贸meno pol铆tico, universal, que es la necesidad de contar historias para darle soporte, validez, naturalidad, legitimidad y aceptaci贸n social a las barbaridades y atrocidades que pueda cometer en el futuro el grupo o grupos pol铆ticos favorecidos con la creaci贸n de la narrativa.

En los Estados Unidos la narrativa fue el racismo, por eso, los dem贸cratas r谩pidamente fabricaron una historia que los desmarcara de haber sido racistas, esclavistas, segregacionistas, haber fundado el Ku Klux Klan y haber promulgado las Leyes Jim Crow, acusando al Presidente Donald Trump y a los republicanos de ser racistas y supremacistas raciales. Joe Biden y su Partido Dem贸crata, apoyaron financieramente al grupo terrorista Black Lives Matter, promovieron sus marchas y condenaron airadamente la presencia de la fuerza p煤blica para contener los ataques terroristas, el pillaje de bienes y el asesinato de polic铆as y civiles indefensos.

En la histeria del racismo, comunicadores sociales del New York Times sugirieron destruir las estatuas de Abraham Lincoln, el Presidente republicano que acab贸 con la esclavitud en el siglo XIX en contra de los dem贸cratas esclavistas del sur que se opusieron ferozmente a su abolici贸n. En CNN fueron m谩s all谩 y, en una acci贸n temeraria, se inventaron contra toda evidencia hist贸rica, y sem谩ntica, que un partido que se llamaba Nacional Socialista Obrero Alem谩n (NAZI) era una organizaci贸n de 鈥渆xtrema derecha鈥 y, sin ning煤n pudor intelectual, lo compararon con el Partido Republicano por tener la misma 鈥渋deolog铆a鈥. Obvio, se lo creyeron los m谩s ignorantes de la sociedad estadounidense, los m谩s vulnerables por su poca formaci贸n acad茅mica.

En Colombia, la narrativa creada por los periodistas de los grandes medios para justificar e incitar a la barbarie y al salvajismo de la extrema Izquierda, ha mutado en el tiempo, aunque ha guardado una base de datos que mezcla a su antojo, acorde con las necesidades del momento y de lo que quieran promover, alineado con los intereses de los que manejan a la prensa agazapados en sus cubiles. El grave problema para los agitadores profesionales de extrema Izquierda es que los grandes medios perdieron su audiencia por la falta de credibilidad en sus contenidos.

El 茅xito de la Marcha sobre Roma de Benito Mussolini y el fracaso del Putsch en M煤nich de Adolfo Hitler fue la ausencia y la presencia de la fuerza p煤blica, respectivamente. Gracias al Ej茅rcito de Colombia fracasaron los golpes de Estado en contra de los Presidentes Mariano Ospina y Belisario Betancourt, entonces, es clave construir una narrativa que justifique desaparecer a la fuerza p煤blica o que neutralice su accionar. El Ej茅rcito de Colombia y la Polic铆a Nacional de Colombia son instituciones con altos niveles de favorabilidad entre la sociedad colombiana de acuerdo a las mediciones que hac铆a la venerable Gallup, por eso la 煤nica narrativa que les ha servido es denunciar supuestas violaciones a los derechos humanos en medio de las protestas sociales. Se ha promovido una narrativa que no es popular entre la mayor铆a de la poblaci贸n productiva colombiana. Decir que la fuerza p煤blica es mala, y que toca quitarle el presupuesto asignado y acabarla o reformarla es algo que no deber铆a decir un periodista por simple sentido com煤n porque el sueldo que le pagan proviene de los que pagan la pauta publicitaria que a su vez dependen de los consumidores de sus productos, que esperan un entorno seguro propicio para la estabilidad econ贸mica. Eso, tal vez, le queda bien decirlo al CEO de un caspete para halagar y mantener cautiva a su clientela.

Sin embargo, ese tema de los derechos humanos tiene gran acogida entre los j贸venes con menor grado de escolaridad que, por el bajo nivel en la calidad de la educaci贸n que recibieron, no les ense帽aron a leer de manera cr铆tica, lo que los hace altamente vulnerables a repetir todo lo que les dicen sin realizar ning煤n tipo de ejercicio mental.

Los convencieron que son una generaci贸n sin derechos a pesar de ser la generaci贸n con m谩s derechos y privilegios en toda la historia de la humanidad. Se volvi贸 com煤n que los NINIS hagan todo lo que les dicen que hagan celebridades como alias 鈥淓pa Colombia鈥, exreinas de belleza, cantautores como al铆as 鈥淩esidente鈥 o artistas en l铆os tributarios de muchos millones de euros.

Las consecuencias de lo que est谩 pasando en Colombia van a tener un costo enorme para los dise帽adores de narrativas. La pandemia dej贸 la sensaci贸n que los periodistas, sindicalistas, pol铆ticos, acad茅micos y dem谩s impulsadores de las revueltas se han salvado a costa de la desgracia de los dem谩s. Y eso es inolvidable e imperdonable. Sumado al error de c谩lculo pol铆tico de asumir que los colombianos aceptan la violencia como m茅todo despu茅s de 50 a帽os de amenaza terrorista permanente.

El otro gran error, fue creer que Joe Biden gan贸.

* Andr茅s Villota G贸mez聽es consultor en temas de inversi贸n responsable
y sostenible, y es excorredor de bolsa con m谩s de 20 a帽os de experiencia
en el mercado burs谩til colombiano.

T. de PanAm Post

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