Lágrimas de sangre por dolor de patria

Escribe: Sonia Rocío Prieto S.

El pasado 20 de julio, como gran patriota que soy, enarbolé mi pabellón nacional y salí a presenciar el Desfile Militar. Lo hice, no solo por el hecho de ser hija de un militar que prestó sus servicios a la Armada Nacional bajo el gobierno del Doctor Alberto Lleras Camargo, sino porque como ciudadana, reconozco y respeto como lo que son, nuestras fuerzas armadas institucionales a las cuales todos los colombianos les debemos la paz, la tranquilidad y la seguridad nacional.

Cuando empecé a observar con alegría, la presencia de los primeros hombres y mujeres que encabezaban el desfile, las lágrimas rodaron por mis mejillas; eran lágrimas de dolor, el dolor que invadía mi cerebro con una avalancha de preguntas: ¿Cómo puede ser posible que ahora, a partir del próximo 7 de agosto, con la llegada del “maligno” –como como lo bautizó nuestro Director–, tengan que renunciar como lo hizo el General Zapateiro o convertirse en un miliciano al servicio de un régimen comunista y al mejor estilo venezolano?

A medida que avanzaba el desfile, mi mente generaba una serie de cuestionamientos: ¿Por qué un “señor” con ideas depredadoras, tiene que acabar con nuestras fuerzas armadas?… ¿Por qué estas fuerzas institucionales tienen que ponerlas al servicio de la delincuencia común: terroristas, narcotraficantes, violadores, extorsionistas, y en general, criminales de la peor calaña, como el mismo que los “comandará” y que de acuerdo a sus acciones delictivas ha merecido más de un alias: “alias Aureliano” o “alias El Cacas”?… ¿Cómo puede ser posible que la mal llamada “Comisión de la Verdad” haya en su “informe” pisoteado la dignidad de estos hombres y mujeres que le sirven a la patria, considerándolos criminales, mientras resaltaba la “humildad, generosidad y el gran corazón” de los guerrilleros que quedaron en ese “informe” como hermanitas de la caridad?… ¿Cómo puede ser posible que los Policías y miembros del Ejército que pasan por la JEP salgan condenados mientras los narcoterroristas de las farc, el eln y miembros de otras bandas criminales salgan libres de pecado y de los crímenes de lesa humanidad que han cometido durante más de seis décadas?

Contemplaba el Desfile y seguía, en medio del dolor de patria, admirando a estos hombres y mujeres, con sus trajes impecables, con sus armas siempre listas a imponer el orden. Eran hombres y mujeres a los cuales poco o nada se les ha reconocido. Eran hombres y mujeres a los cuales se les quiere llevar a servirle a un “señor” que “comandará” a una caterva de asesinos. ¿En la Comisión de la Verdad se le hizo algún reconocimiento a estos hombres y mujeres al servicio de la patria?… ¿Se les ha reconocido su valor, su entrega e incluso su muerte?… ¿Sus familiares han recibido algún tipo de indemnización como la reciben los asesinos y narcoterroristas de las farc, el eln u otros grupos criminales que reciben dinero, autos blindados de alta gama con escoltas, tierras y hasta curules en el Congreso?

Entendí entonces, que este Desfile, podría ser el último que los ciudadanos pudimos disfrutar, y que el próximo 7 de agosto, nuestro Pabellón Nacional será izado a media asta y con la cintilla de luto nacional.

Que Dios perdone a estos criminales que acabarán con el país y que perdone igualmente a los que se arrodillaron ante ellos, unos por interés, otros por ingenuos. 

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