Lo peor es la estupidez: una nota al pie

Escribe: Alberto Benegas Lynch*

PIE DE FOTO: El diccionario asimila la estupidez a la presunci贸n y la vanidad. No se trata de un problema f铆sico sino de una visi贸n errada y torpe del mundo, se trata de un conjunto de contravalores y de una mirada obnubilada y separada de toda razonabilidad.

Hoy en d铆a, la mayor铆a siente la necesidad de ajustarse a los dem谩s. Hay pereza y temor por pensar distinto. Hay inseguridad y debilidad interior. Es inconcebible ir contra la corriente

Hay un libro maravilloso que se titula Historia de la estupidez humana cuyo autor es Paul Taboi y que lleva pr贸logo de Richard Armour, el que escribi贸 Todo comenz贸 con Marx, que abre con la sugerencia de sustituir el t铆tulo marxista de Das Kapital por Quitas capital. En todo caso en el pr贸logo de referencia Armour escribe que 鈥渁lgunos nacen est煤pidos, otros alcanzan el estado de estupidez y hay individuos a quienes la estupidez se les adhiere. Pero la mayor铆a son est煤pidos no por influencia de sus antepasados o de sus contempor谩neos. Es el resultado de un duro esfuerzo personal鈥 y m谩s adelante concluye que la estupidez resulta del amor 鈥渁 las ceremonias, las complicaciones del burocratismo, las complicaciones no menos rid铆culas del aparato y la jerga, la fe humana en los mitos y la incredulidad ante los hechos.鈥

Por su parte, el autor del libro le dedica un cap铆tulo titulado 鈥淟a estupidez del papeleo鈥 donde nos dice que 鈥減or lo que se refiere a la burocracia, la adquisici贸n de autoridad muy frecuentemente determina la p茅rdida de la inteligencia, la atrofia de la mente y un estado cr贸nico de estupidez [鈥, las oficinas gubernamentales son viveros de estupidez鈥 incluso 鈥渓a burocracia crea un lenguaje burocr谩tico.鈥

El diccionario asimila la estupidez a la presunci贸n y la vanidad. No se trata de un problema f铆sico sino de una visi贸n errada y torpe del mundo, se trata de un conjunto de contravalores y de una mirada obnubilada y separada de toda razonabilidad. Est谩 parida del desconcierto y de una imperdonable subestimaci贸n a las autonom铆as individuales del pr贸jimo.

En este sentido Giovanni Papini, mi cuentista favorito, destaca que los siete pecados capitales derivan de la soberbia, la presunci贸n y la vanidad. Escribe en una de sus m煤ltiples ficciones (no siempre tan ficciones) que 鈥渆l soberbio no tolera ser contrariado, el soberbio se siente ofendido por cualquier obst谩culo y hasta por la reprensi贸n m谩s justificada, el soberbio siempre quiere vencer y superar a quien considera inferior a 茅l [鈥 El soberbio no concibe que cualquier otro hombre pueda tener cualidades o dotes de las que 茅l carece; el soberbio no puede soportar, creyendo estar por encima de todos, que otros est茅n en lugares m谩s altos que 茅l鈥.

Por mi parte, aplico esta premisa general de Papini al terreno de la relaci贸n entre gobernantes y gobernados. Gobernar significa mandar y dirigir. Leonard E. Read nos ense帽a que, para mayor precisi贸n, se deber铆a haber recurrido a otra expresi贸n, porque hablar de gobernante ser铆a tan inapropiado como denominar al agente de seguridad de una empresa 鈥済erente general鈥, ya que la funci贸n del monopolio de la fuerza es velar por los derechos de las personas y no regentearlas.

Pero resulta que los primeros mandatarios han mutado en primeros mandantes y, en lugar de proceder como efectivos agentes de seguridad de los derechos, los conculcan, con lo que se cumple la profec铆a de Aldous Huxley en su terror铆fica antiutop铆a, en la que muchos piden ser sometidos, para desgracia de quienes mantienen su integridad y autoestima (lo cual es infinitamente peor que el Gran Hermano orwwelliano).

驴C贸mo es posible que los humanos tengamos la inmensa bendici贸n del libre albedr铆o y en muchos casos se la usa para aplastar a los vecinos v铆a aparatos estatales desbocados? 驴No deber铆amos reconsiderar las sandeces del estatismo y retornar a la sensatez y as铆 dejar en paz a los cong茅neres?

Hay otro libro muy jugoso que se titula Prontuario de la estupidez humana de Henry Louis Menken que lleva pr贸logo de Fernando Savater; all铆 el autor nos dice que al gobierno 鈥渟e lo juzga no como un equipo de ciudadanos que han sido elegidos para cuidar de los asuntos comunitarios de toda la poblaci贸n, sino como una corporaci贸n separada y aut贸noma que se consagra principalmente a explotar a la poblaci贸n en beneficio de sus propios miembros [鈥 se trata simplemente de bribones que por un azar de la ley gozan de un derecho bastante dudoso de compartir las ganancias de sus pr贸jimos.鈥

Se hace necesario comprender que cada vida es sagrada y que exige respeto, solo es pertinente el uso de la fuerza cuando hay lesiones de derechos. Y dicho sea de paso el derecho es la facultad de usar y disponer de lo propio, en primer lugar la vida, luego la expresi贸n del propio pensamiento y finalmente lo adquirido leg铆timamente. La ant铆tesis del derecho es la pretensi贸n de apropiarse del fruto del trabajo ajeno, esto es un pseudoderecho que es habitualmente declamado por los mandamases de turno con lo que se destruyen marcos institucionales civilizados.

A esta altura del siglo XXI no hay pretexto para desconocer las pobrezas y miserias, las matanzas, las hambrunas, las persecuciones y la abolici贸n de la Justicia y la libertad de prensa en reg铆menes autoritarios. La libertad se basa en una concepci贸n eminentemente moral que deriva en progreso al liberar la energ铆a creativa. Los monigotes del poder deben ser combatidos en el terreno de las ideas para dejar al descubierto la desfachatez de sus designios. A esta altura ya no deber铆a prender el discurso hip贸crita y mentiroso de los estatistas que todo se lo llevan puesto. Son como el rey Midas al rev茅s, todo lo que tocan lo prostituyen. Por ello resulta de tanta trascendencia preservar los genuinos valores de la democracia cuyo aspecto medular estriba en el cuidado de los derechos individuales para evitar caer en las fauces de la cleptocracia, es decir el gobierno de los ladrones de sue帽os de vida, de libertades y propiedades.

Tengamos siempre presentes reflexiones como las de Mark Twain en cuanto al peligro de caer en la trampa de una discusi贸n inapropiada que consume energ铆a in煤tilmente por lo que aconseja que 鈥渘unca discutas con gente est煤pida, te arrastrar谩n a su nivel鈥 y Gustav Le Bon en el contexto de la man铆a de las aglomeraciones recuerda que 鈥渆n las multitudes lo que se acumula no es el talento sino la estupidez鈥. Y sobre todo Cicer贸n subraya la diferencia de la estupidez respecto a un error del cual nadie est谩 exceptuado y advierte sobre el empecinamiento en repetirlos que en la parla convencional es lo que se dice tropezar siempre con la misma piedra: 鈥淐ualquier hombre puede cometer un error, solo un est煤pido sigue haciendo lo mismo.鈥

En otra ocasi贸n me he referido a Zelig, otra de las producciones de Woody Allen en la que se representaba a un fulano que carec铆a de tim贸n interior y que todo lo operaba seg煤n lo que dec铆an, hac铆an o pensaban a quienes ten铆an en su cercan铆a. Es lo que en gran medida ocurre hoy en d铆a. La mayor铆a siente la necesidad de ajustarse a los dem谩s. Se renuncia a la individualidad, a lo m谩s distintivo y precioso que tiene el ser humano: su unicidad en toda la historia de la humanidad. Se amputa de su tesoro m谩s valioso. Deja de ser para ser los dem谩s. Hay pereza y temor por pensar distinto. Hay inseguridad y debilidad interior. La responsabilidad lo abruma, prefiere endosar las decisiones al grupo. Abdica de su persona y se incorpora a la manada. No tiene voz sino que es eco. Es inconcebible ir contra la corriente. Se masifica. Tiene que ser parte del coro. Es un masoquismo moral. Se entrega a la nada.

Estos personajes que padecen el s铆ndrome Zelig, necesitan de un gur煤, de un caudillo, de un l铆der puesto que son incapaces de liderar sus propias vidas. Los sistemas educativos de nuestro tiempo se encaminan a la guillotina horizontal, es decir al igualitarismo donde en gran medida los profesores no ense帽an a pensar sino a repetir.

En otra ocasi贸n tambi茅n he recordado aqu茅l c茅lebre experimento donde se acuerda con un grupo al que se deja afuera una persona para que todos digan que frente a una serie de barras de distinto tama帽o que la m谩s chica es la m谩s grande. As铆 se invita a la persona que no est谩 al tanto de lo acordado por los dem谩s y comienza la sesi贸n. En una primera rueda naturalmente el extra帽o al grupo se pronuncia por la verdad de lo que ve y queda sorprendido por la opini贸n de todos los otros. Se suceden distintas ruedas y finalmente el sujeto se rinde y opina como los dem谩s al sostener algo que no se condice con lo que est谩 viendo. Es para probar la inclinaci贸n a ceder ante la opini贸n de los dem谩s. Es raro el caso de quien se mantiene en su posici贸n en cuanto a lo que considera verdadero en estos reiterados experimentos.

Por supuesto que no se trata de encapricharse en lo que uno primero piensa y machacar con la idea. Hay que estudiar y contrastar las propias conclusiones a los efectos de pulir las ideas lo m谩s que se pueda. Este es un proceso que no tiene t茅rmino. Como nos ha ense帽ado Popper, el conocimiento tiene la caracter铆stica de la provisionalidad sujeta a refutaciones a la vuelta de cada esquina, solo hay corroboraciones que marcan un estadio en el peregrinaje en busca de verdades en que sostenernos. Pero a lo que me refiero en esta nota es al miedo de pararse contra la corriente, a la mentira a sabiendas para quedar bien con otros. A la cobard铆a moral.

La estupidez tambi茅n se esconde tras los celos por el 茅xito de otro, envidiosos a su vez encubiertos en la fachada de una supuesta admonici贸n en verdad malparida que a todas luces descubre la intenci贸n maloliente. Inclusive han aparecido ejercicios talibanescos que pretenden encerrar a otros en la jaula de determinadas inclinaciones sexuales y un ate铆smo militante, agresivo y excluyente que apunta al establecimiento de una guillotina horizontal sin tener la menor idea en qu茅 consiste una sociedad abierta con apreciaciones personales muy diversas alejadas de dogmas que pretenden imponer aquellos fantoches que responden al m谩s crudo, retr贸grado y cavernario esp铆ritu sectario. Todos los proyectos de vida deben ser respetados excepto la lesi贸n de derechos de terceros. El tontaje no tiene l铆mites, como escribi贸 Einstein: 鈥淗ay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y del universo no estoy seguro.鈥

Sin duda que los hay que no se ubican en la categor铆a de la estupidez sino que fruto del adoctrinamiento no han tenido la oportunidad de beber en otras fuentes por lo que es necesario redoblar esfuerzos docentes al efecto de llegar a mentes nobles para que puedan sacar sus propias conclusiones sin propagandas nefastas que nublan la visi贸n. Pero a los necios megal贸manos hay que sustituirlos por reflexiones que se condicen con el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros, en esto consiste el respeto rec铆proco que es la columna vertebral de la sociedad libre.

** Alberto Benegas Lynch complet贸 dos doctorados;es Doctor en Econom铆a y tambi茅n Doctor en Ciencias de Direcci贸n, es autor de 27 libros y miembro de las Academias Nacionales de Ciencias Econ贸micas y de Ciencias de Argentina. ================================================================

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