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Los dej贸 con los crespos hechos

Escribe: Gustavo 脕lvarez Gardeazabal

Se dec铆a en mi remota infancia cuando alguien se vest铆a con su traje dominguero y bien peinado para asistir a alg煤n evento y se quedaba esperando porque ni evento ni explicaci贸n grande o chica se daban, que 鈥渓o dejaron con los crespos hechos鈥.  

Eso mismo pas贸 el martes anterior 鈥16 de agosto鈥 cuando el presidente Petro dej贸 metidas a las tropas formadas en la cancha de la principal Escuela de Cadetes de Colombia para realizar el cambio de mando de la c煤pula militar y que las tropas reconocieran al presidente y a su ministro de Defensa.  

Cualquiera que hayan sido las razones para haberlos dejado metidos pueden ser v谩lidas, hasta la rid铆cula de que no asisti贸 por un dolor de est贸mago. Pero el hecho de que a 24 horas de haber sucedido el episodio no se hubiese dado una explicaci贸n cre铆ble y apenas se sabe con certeza que se reprogramar铆a, ha puesto a pensar a los colombianos tan fundamentalmente maliciosos que algo debe estar pasando que no nos han dicho.  

Las hip贸tesis entonces comienzan a surgir de acuerdo a la lectura que haga cada quien o cada grupo de asombrados o afectados. Los militares, que se quedaron vestidos y formados, tienen una lectura que en ning煤n momento puede ser agradable. La pueden haber tomado, entre otras, como una manera displicente de hacerles saber que ellos apenas son subalternos y que el presidente no les reconocer谩 su importancia como era tradicional.  

La prensa y las c谩maras destacadas en el acto tamizaron el insuceso para no ofender al presidente por si acaso no hubiese llegado al acto por alguna enfermedad, pero dejaron abierto el campo para las especulaciones ya que juntan el mismo desaire que ya hab铆a tenido con los alcaldes, con este tan p煤blico y tan importante con los militares, generando obviamente una imagen muy negativa para el presidente a solo 10 d铆as de haberse posesionado. 

Pero como ya lo hab铆a dicho yo aqu铆, es peligroso que en el fondo lo que pueda estar haciendo el presidente es estirar el resorte suicidamente para ver hasta donde resisten los militares el mal trato que les ha dado.  

Si los tuviera en otro concepto distinto al de que son unos flojos eternos que sacrifican honores y orgullos por no perder la pensi贸n jubilatoria, no se habr铆a dado el espect谩culo del martes 16.  

Todos hemos perdido entonces con este gesto inaudito del presidente Petro, porque precipita la desaparici贸n de la confianza tanto frente a los colombianos que votaron por 茅l como ante los que no lo hicieron. 

Pero lo peor es que la intranquilidad sobre las acciones reales de su gobierno es la que est谩 aumentando precipitadamente y eso a nadie le conviene porque el gusano del p谩nico viene otra vez pierna arriba. 

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