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Los venezolanos, ayer, hoy, mañana y un rato después

Escribe: Luis Beltrán Guerra*

Los venezolanos ya no aguantan más la dictadura criminal de Nicolás Maduro y ahora cifran sus esperanzas en María Corina Machado, una mujer de armas tomar para restablecer el orden y la Democracia.

Sin darnos cuenta, nos hemos adentrado en “el mañana” que se menciona en el título del ensayo, pero para concluirlo, conviene hacer referencia a “la democracia liberal” con la cual se ha identificado la candidata de la oposición. 

A partir de 2022 y un poco más allá, la tenacidad de una mujer empieza a liderar el descontento de los venezolanos ante un régimen desgastado por el prolongado tiempo en el poder y abrumado por promesas esperanzadoras que no pudieron cumplirse. Este escenario se vio alimentado por una marcada desintegración de los partidos políticos y el desgaste de sus líderes, lo cual resultó determinante para el arraigo de María Corina Machado en la enredada temática de conducir a la oposición contra el régimen.

El “ayer venezolano” más cercano está dividido en dos capítulos. El primero abarca desde las elecciones de 1958, en las cuales resultó electo presidente Rómulo Betancourt, hasta el final del segundo período de Rafael Caldera. Podemos calificarlo como “adecuado para la democracia de entonces”. En lo que respecta al segundo, habríamos de hacer referencia a dos subcapítulos: Aquel que comienza en 1999 con la investidura de Hugo Chávez y llega hasta su fallecimiento en marzo de 2013.

El sui géneris mandato de Nicolás Maduro, que comenzó tres días después de la muerte de Chávez y fue cuestionado por la oposición bajo el argumento de haber desconocido los preceptos constitucionales. Según estos, la vacante del “comandante” debería haber sido suplida por el Jefe del parlamento. Sin embargo, la presunta transgresión normativa fue obviada en el control constitucional, lo que permitió a Nicolás, aunque no formalmente reconocido por la oposición, ejercer de facto como Jefe de Estado. El líder sindical, por tanto, detentó el poder con firmeza y determinación.

El “hoy” dibuja una “Venezuela derivacional”. Por un lado, continúa siendo gobernada por el último presidente, quien ha pasado por un proceso electoral formal, aunque para algunos sea cuestionable. Esto no ha impedido su desempeño. Además, cuenta con el apoyo de un pueblo al que Hugo Chávez bautizó como “el chavismo”, infundiendo en él esperanzas.

En el presente, la presencia del “comandante” no tiene la misma vigencia que antes, ni tampoco la misma fuerza popular. Es “consecuencial”, asimismo, dada la inclinación a seguir las ideas, estrategias y metas del “comandante”, quien se alzó en armas con el apoyo, en algunos casos, de la cooperación e incluso adhesión de un número significativo de sus compañeros de uniforme.

Este axioma parece ilustrar que el militarismo no ha dejado de ser una tendencia, para algunos anticuada, pero para otros, en ciertas circunstancias, como en la anarquía social, necesaria. El apoyo militar al gobierno de Nicolás ha sido útil, al menos en lo que respecta a su continuidad. ¿Es por el bien del pueblo o por ambiciones personales? Se podría decir que es una combinación de ambas. En Caracas, todavía nos preguntamos, aunque no tanto sobre el porqué del golpe de Estado, sino más bien sobre la sorpresa de la jefatura. Nos miramos unos a otros y no encontramos respuestas, al menos no racionales.

A partir de 2022 y un poco más allá, la tenacidad de una mujer empieza a liderar el descontento de los venezolanos ante un régimen desgastado por el prolongado tiempo en el poder y abrumado por promesas esperanzadoras que no pudieron cumplirse. Este escenario se vio alimentado por una marcada desintegración de los partidos políticos y el desgaste de sus líderes, lo cual resultó determinante para el arraigo de María Corina Machado en la enredada temática de conducir a la oposición contra el régimen.

¿El resultado de todo esto? Un proceso de elecciones primarias serio, respetuoso y bien organizado, donde fue elegida mediante una votación masiva y entusiasta como candidata a la Presidencia para competir con Nicolás Maduro en 2024.

Se dice que Giulio Andreotti, quien demostró ser un genio en la abrumadora política italiana, fue preguntado sobre el significado de su frase más cínica “El poder desgasta a quien no lo tiene”. Para el casi eterno primer ministro, lo determinante de la expresión radica en la imperativa necesidad de tener la capacidad de hablar y ser entendido, de tener una relación activa y pasiva con el pueblo. Pareciera que la joven líder de Venezuela tiene como libros de cabecera “El Gatopardo”, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, y algunas páginas de Maquiavelo. Sin duda, buena compañía, teniendo en cuenta la dura lucha que ha librado y lo que le falta por enfrentar. Por cierto, bastante. ¿Será esta una ventaja para las próximas presidenciales? La respuesta está “a la espera de los hechos”.

Es difícil prever si la tarea que los venezolanos han confiado a la candidata será más compleja que la cumplida para ser seleccionada, una tarea en la cual tuvo que enfrentar, por un lado, al gobierno y por otro, a una dirigencia política de la cual un electorado entusiasmado por promesas, prebendas y esperanzas terminó perdiendo la confianza. Continuando con el presente, surgen preguntas: ¿El régimen permitirá la candidatura de María Corina Machado para el proceso electoral presidencial? ¿La inhabilitación impuesta por la Contraloría General de la República será ratificada por las instancias jurisdiccionales de revisión y, en particular, por el actual Tribunal Supremo de Justicia? ¿Qué posibilidades favorables podrían provenir de instancias internacionales y serían acatadas?

Nuestro destacado amigo Carlos Blanco, convencido desde hace algún tiempo de la idoneidad de la caraqueña, ha expresado que en la etapa que se inicia después de su elección, le corresponderá “desbrozar el camino” para un proceso electoral serio, sincero y democrático en 2024.

Si entendemos correctamente, se trataría de una ruta de naturaleza procedimental. Lo sustancial se debatirá en las elecciones correspondientes. Es decir, la definición por parte de los venezolanos de quién gobernará. Y allí comenzará otra etapa: la de gobernar en democracia, descrita como una forma de gobierno justa y conveniente para vivir en armonía. Así de sencillo, pero también más complicado cuando consideramos que se refiere a la participación de la ciudadanía como factor para materializar los cambios, lo que implica un diálogo serio entre gobierno y ciudadanos en busca de objetivos comunes.

La voluntad democrática, que debe ser firme, debe inspirarse en las disposiciones constitucionales, las cuales establecen que se debe promover un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que tiene como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político.

Entre estas descripciones, una más común que la otra, llevarlo a la práctica ha sido un desafío considerable, y no estaría de más preguntarse cuál de estas dos frases de Winston Churchill, el gran estratega del siglo XX, sería más pertinente: “El éxito consiste en poder ir de fracaso en fracaso” o “Un pesimista ve la dificultad en cada oportunidad, un optimista ve la oportunidad en cada dificultad”. Al imaginar hipótesis en nuestras mentes inquietas, no sabemos si sería apropiado preguntarnos si María Corina Machado plantearía un texto constitucional nuevo, algo que para algunos es necesario dada la suerte que ha corrido la Carta bolivariana.

Quien escribe estima que, sin darnos cuenta, nos hemos adentrado en “el mañana” que se menciona en el título del ensayo, pero para concluirlo, conviene hacer referencia a “la democracia liberal” con la cual se ha identificado la candidata de la oposición. Se trataría, cabe preguntarse, de “una sociedad capitalista de mercado libre”, es decir, como se dice, “la existencia de la propiedad privada y una economía de mercado competitiva”, pero acompañada de la igualdad de libertad para todas las personas a fin de hacer realidad sus capacidades y nunca para que los ricos aplasten a los débiles.

Tengamos presente que sigue siendo una lección la experiencia criolla de la segunda administración de Carlos Andrés Pérez, durante la cual se saboteó un programa macroeconómico, a juicio del Ministro de Planificación, Miguel Rodríguez, de carácter esencialmente keynesiano (el Estado debe intervenir en la economía para mantener el equilibrio, revirtiendo las crisis), exitoso en principio ante la denominada “Gran Depresión” y en Chile bajo el gobierno de Augusto Pinochet. A María Corina Machado, dada su fortaleza, se le ha querido llamar “la dama de hierro”, quizás en alusión a Margaret Thatcher, a quien se le reconoce la idónea jefatura para la implementación de una economía liberal en Inglaterra. Una pregunta parece ser pertinente: ¿Será suficiente el coraje de la caraqueña para lograrlo? Y antes de terminar, una segunda cuestión: ¿Podrá liberarse la nacida en la Sultana del Ávila de la inhabilitación que pesa sobre ella para aspirar a la presidencia de la república?

Se lee que con ocasión del apretón de manos en la Cumbre de las Américas entre Barack Obama y Raúl Castro, no sabemos si el primero o el segundo expresó “Si lo que hemos aplicado durante tantos años no dio un gran resultado, por qué no correr el riesgo de aplicar otra cosa, aunque podamos equivocarnos”.

Pensamos que se han delineado algunas particularidades en lo relativo al ayer, hoy y en menor grado del mañana venezolanos. El “un rato después” lo prometemos para luego, si las fuerzas aguantan.

** Luis Beltrán Guerra, Doctor en Derecho (Harvard University) – Profesor de Derecho Administrativo Fundador (Partner) Luis Beltrán Guerra G. Asociados.

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