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Pandillas y socialismo del siglo XXI, gemelos perversos

Escribe: Escribe: Hugo Marcelo Balderrama*

Lavar la cara a grupos de delincuentes y terroristas no empezó con Correa en el Ecuador, sino con Carlos Mesa y sus decretos de amnistía a los malvivientes que protagonizaron el golpe de Estado de octubre del 2003. (EFE/ Captura de transmisión)

A esta altura de la historia negar sobre la relación directa que existe entre el Socialismo del Siglo XXI y la delincuencia común nos muestra quienes son los enemigos de verdad y los amigos de mentira, ¡qué la lucha contra las dictaduras continue!

El martes 09 de enero del 2024, Ecuador amaneció en medio de tiroteos, saqueos, asaltos a canales de televisión y asesinatos de policías. No obstante, pocos se atreven a hablar de las causas que originaron la tragedia. La mayoría, algunos por desconocimiento, otros por una falta de escrúpulos, evita mencionar al Socialismo del Siglo XXI como el génesis del mal, empero acá haremos un repaso de la historia.

En la segunda mitad de la primera década del Siglo XXI, apadrinados por los dineros de Hugo Chávez y la logística revolucionaria de Fidel Castro, se hicieron del poder de nuestros países personajes como Lula da Silva, José Mujica, Evo Morales y Rafael Correa.

Todos, al unísono, usaron sus puestos de presidentes para lavar la cara de la dictadura castrista; modificar las constituciones de sus países; dictar leyes draconianas contra la empresa privada; criminalizar a la policía y fuerzas armadas de sus naciones, y minimizar el accionar de grupos subversivos, entre ellas, las farc y Sendero Luminoso. Al respecto, Francisco Endara, activista político ecuatoriano, en su artículo titulado: “Ecuador bajo ataque: cronología y contexto”, afirma lo siguiente:

El 28 de marzo del 2009 Correa desarticuló la unidad de inteligencia de la Policía UIES (Unidad de Investigaciones Especiales), luego de que esta unidad informara sobre actividades de las farc y sus líderes en territorio ecuatoriano. El argumento para disolver esta unidad fue que recibió un supuesto financiamiento de la CIA. Posteriormente, en septiembre del año 2009 se concretó la salida de la Base de Manta. La salida de esta base fue parte de las promesas de campaña de Rafael Correa y su “Movimiento Alianza País”, manipulando el concepto de “soberanía”, pues esta base era un importante centro que permitía monitorear el tráfico de droga en la costa ecuatoriana pero también en buena parte de la región, ayudando con el control de la criminalidad y promoviendo la seguridad del Ecuador.

Pero además de todo lo anterior, imitando a Bolivia y Venezuela, el año 2008 Correa impulsó el cambio de la constitución de Ecuador para crear el Estado Plurinacional.

El nuevo texto constitucional habla de algo tan absurdo como la “ciudadanía universal”, que no es otra cosa que abrir las fronteras de Ecuador a toda clase de pandilleros, sicarios, golfos y matones. Conste que la afirmación anterior no es una cuestión de prejuicios o sentimientos discriminatorios, sino una referencia a datos objetivos, por ejemplo, las declaraciones de Jay Bergman, director de la DEA para la región Andina: Ecuador se está convirtiendo en unas “Naciones Unidas” del crimen organizado ya que traficantes de drogas desde Albania a China la usan como plataforma para llegar a acuerdos con contrabandistas andinos independientes de cocaína. Tenemos casos del crimen organizado de Albania, Ucrania, Italia, China, todos en Ecuador, todos consiguiendo su producto para distribuir en sus respectivos países.

De igual manera, como sucede en mi natal Bolivia, el correismo pervirtió la justicia, pues dejó de ser un instrumento para castigar a delincuentes, de hecho, se abusó del habeas corpus, para convertirse un mecanismo de persecución a los opositores, como es el caso de Francisco Endara, citado líneas arriba.

La llegada de Lenin Moreno al poder, contrario a lo que se esperaba, significó un tubo de oxígeno para Ecuador, pues el nuevo presidente se alejaría del Socialismo del Siglo XXI, del castrochavismo y del Foro de Sao Paulo, acción que le valió ser tildado de traidor hasta el día de hoy.

Obviamente, las pandillas, cárteles y maras no estaban contentos, la hora de pasar a las acciones violentas llegó. Por ejemplo, El 26 de marzo de 2018, dos periodistas del diario El Comercio, Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, conductor del vehículo en que se movilizaban, son secuestrados. El 13 de abril de 2018 se conoció, que los tres fueron asesinados con disparos en la nuca.

Por su parte, el CONAIE y Pachakutik (el brazo subversivo afiliado al foro de Sao Paulo), en octubre del 2019, coincidente con las “brisas bolivarianas”, intentaron gestar un golpe de Estado contra el gobierno de Lenin Moreno. No tuvieron éxito, sin embargo, la institucionalidad ecuatoriana quedó muy dañada.

El 2021, el nuevo gobierno de Guillermo Lasso, con los mismos actores del 2019, sufre una serie de ataques, pero con unos elementos adicionales: la violencia, motines y asesinatos en las cárceles. El asedio fue tan grande que, en mayo del 2023, Lasso se ve obligado a usar el mecanismo de la muerte cruzada, establecido en la Constitución, mismo que le permite disolver la Asamblea, pero que, al mismo tiempo, le costaría su salida de la presidencia.

La corta campaña electoral fue marcada por el cruel asesinato del candidato Fernando Villavicencio y las amenazas de muerte a la fiscal Diana Salazar. Finalmente, ganó Daniel Noboa, pero las maras, cuyo máximo interés es retomar el poder de la mano del correísmo, no lo dejarían gobernar.

En días pasados me hicieron la siguiente pregunta: ¿Es posible que la tragedia que vive el pueblo ecuatoriano se repita en Bolivia? Considero que la pregunta es anacrónica, pues Bolivia ya sufrió escenarios de violencia extrema. Incluso matar policías y militares es una práctica muy común entre Evo Morales y sus bandoleros, por ejemplo, la cruel muerte de los esposos Andrade y del teniente Marcelo Trujillo.

Por otro lado, lavar la cara a grupos de delincuentes y terroristas no empezó con Correa en el Ecuador, sino con Carlos Mesa y sus decretos de amnistía a los malvivientes que protagonizaron el golpe de Estado de octubre del 2003.

A manera de cierre, a esta altura de la historia negar sobre la relación directa que existe entre el Socialismo del Siglo XXI y la delincuencia común nos muestra quienes son los enemigos de verdad y los amigos de mentira, ¡qué la lucha contra las dictaduras continue!

* Hugo Marcelo Balderrama, Economista boliviano con maestría en administración de empresas y PhD en economía.

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