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Peligroso ataque a embajadas bajo el grito “muerte a Israel”

Escriben; Oriana Rivas / Marcelo Duclos

Argentina, en víspera de las elecciones presidenciales, transita el peor modelo de anarquía posible. (EFE)

En Líbano, Turquía, Irak, Jordania e Irán se reportaron incidentes con embajadas estadounidenses, israelíes y de otros países por parte de manifestantes propalestinos, quienes ven en las naciones occidentales y sus aliados, la figura responsable del bombardeo contra un hospital en Gaza. Argentina no fue la excepción, reviviendo recuerdos de fatídicos atentados terroristas.

El bombardeo contra un hospital en Gaza decantó en amenazas y ataques contra embajadas de Estados Unidos y de Israel en todo el mundo. Líbano, Turquía, Irak, Jordania e Irán fueron algunos países que registraron incidentes, inclusive la embajada francesa y la británica fueron centro de disturbios por manifestantes propalestinos que ven en países occidentales y sus aliados la figura responsable del siniestro. En Estambul, estos ingresaron a las instalaciones israelíes, a pesar de la barricada policial.

Lo cierto es que por estar horas, las molestias no cesan mientras que los terroristas de Hamás y de Hezbolá continúan señalando a Israel por el bombardeo contra el Hospital Al Ahli que dejó unos 471 muertos. El Ejército israelí asegura que la explosión se debió a un lanzamiento fallido de cohetes de la Yihad Islámica Palestina (YIP). Sin embargo, lo que predomina actualmente no son los argumentos, sino la pugna que pretenden llevar adelante los grupos extremistas.

En Buenos Aires, Argentina, también se activaron las alarmas por una amenaza de bomba. Las calles adyacentes a la Embajada de Israel fueron acordonadas y custodiadas. Y es que no es la primera vez que el país latinoamericano se ve envuelto en acciones del terrorismo islámico. Pasada más de una hora, se descartó la amenaza ya que resultó “negativa” según el testimonio de los efectivos policiales. El paso fue reabierto, pero las imágenes de esos minutos lograron trascender entre los argentinos tanto en la calle como en las redes sociales.

Todas las amenazas, ataques y manifestaciones frente a embajadas también guardan relación con el “día de ira sin precedentes” que convocó Hezbolá. Una de las protestas más multitudinarias, según la agencia EFE, tuvo lugar en el suburbio de Haret Hreik, en Líbano, bastión del grupo financiado por Irán “donde cerca de medio millar de personas corearon consignas como ‘Muerte a Israel’”. El grupo terrorista no cesa los ataques contra Israel desde la frontera sur de ese país.

El complicado contexto del pasado argentino

Aunque las amenazas hayan tenido lugar en diversos lugares del mundo, Buenos Aires tiene un pasado reciente complicado en materia de terrorismo islámico. En 1992 una bomba explotó en la Embajada de Israel y dos años después, en 1994, un coche bomba se incrustó en la puerta de la AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina), dejando el edificio del barrio de Once hecho escombros. El primer atentado dejó un saldo de 22 víctimas fatales, mientras que el segundo se llevó la vida de 85 personas.

La cuestión es que ambos fueron solamente el principio de la tragedia, que dejó en evidencia la vulnerabilidad argentina, pero también la corrupción estructurada en todos los ámbitos del Estado. No solamente las agresiones quedaron impunes, sino que se comenzaron investigaciones que no llegaron a ningún lado. Incluso hubo un juez removido de su cargo por impulsar un proceso judicial vinculado a una pista falsa.

Durante la segunda mitad de la décadas de los noventa, se vinculó al ataque de la AMIA al accionar de unos policías corruptos de la provincia de Buenos Aires. Si bien los acusados tenían un prontuario complicado y diversas sospechas, nada tuvieron que ver con el coche bomba. La única conclusión a la que se pudo llegar es que el responsable intelectual fue el régimen iraní, que hasta tuvo funcionarios “diplomáticos” vinculados a los sucesos. Claro que dejaron el país ante los hechos consumados, mientras que por aquí se comenzaba a investigar la pista falsa de un supuesto ataque antisemita doméstico.

Cuando el fiscal Alberto Nisman comenzó una investigación concreta sobre la pista iraní, finalmente existió la impresión que, al menos, se podía llegar a saber qué pasó realmente en 1994. Pero todo terminó de la peor manera. Luego de denunciar por encubrimiento a Cristina Fernández de Kirchner, y señalar a Irán como el verdadero responsable, el fiscal apareció muerto en el baño de su departamento con un disparo en la cabeza.

Argentina, en víspera de las elecciones presidenciales, transita el peor modelo de anarquía posible. El Estado no cumple ninguna de las funciones que debería y solamente se dedica a complicarles la vida a los ciudadanos. Aunque no se reconozca, el nivel de vulnerabilidad por estas horas es total. La “inteligencia” local, en lugar de estar contribuyendo a la seguridad, está reducida al negocio de la extorsión y los “carpetazos” de la política. La Policía Federal está en manos de lo peor del kirchnerismo y la local de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es un mal chiste del larretismo, que también por estas horas se dedica a los últimos negocios inmobiliarios de la gestión. Si aquí no ponen una bomba es porque no quieren.

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