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Sonido de libertad

Escribe: Hugo Marcelo Balderrama*

“La ruta que sigue una chica para llegar hasta Perú o Chile desde el oriente o el chaco boliviano comienza en alguna provincia”. (Flickr)

El “negocio” de la explotación sexual está rumbo a convertirse en el más rentable para la delincuencia transnacional.

La película que lleva el mismo nombre de este artículo me inspiró a elaborarlo. No es fácil escribir sobre el abuso y la explotación sexual infantil. Sin embargo, es peor guardar silencio, pues, con la complicidad de fiscales, jueces, políticos y policías, millones de niños alrededor del mundo acaban siendo devorados por pervertidos, eso incluye a muchos infantes de Bolivia.

El 2021, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) publicó un informe que revela que el número de niños que son víctimas de trata se ha triplicado en los últimos 15 años. Las niñas son prostituidas, mientras que los varones son utilizados en trabajos forzados o convertidos en mercenarios. El documento revela que los traficantes escogen a sus víctimas entre los sectores más vulnerables, por ejemplo, los migrantes y las familias en condición de pobreza.

El “negocio” de la explotación sexual está rumbo a convertirse en el más rentable para la delincuencia transnacional. De manera análoga al narcotráfico, las redes de explotación sexual infantil han sobrepasado la seguridad de varios países, y son capaces de moverse de manera impune a través de varias fronteras.

Ariel Ramírez y Elizabeth Zabala, sociólogos de la fundación Munasim Kullakita de La Paz, explican que las mujeres bolivianas, en especial las del oriente del país, son introducidas ilegalmente con fines de explotación sexual a Argentina, Perú y Chile.

“La ruta que sigue una chica para llegar hasta Perú o Chile desde el oriente o el chaco boliviano comienza en alguna provincia, se enlaza con la capital cruceña y luego pasan a Cochabamba vía Yapacaní. Después siguen rutas como Bulo Bulo, Chapare o Quillacollo para llegar a poblaciones paceñas como Caranavi, Apolo, El Alto y finalmente Copacabana o Desaguadero, en la frontera con Perú. Una vez en el lado peruano, las llevan a minas en Arequipa, Puno, Juliaca y otras donde existe explotación de minerales, sobre todo el oro”, afirmó Ramírez al diario El Deber en septiembre 2017.

En esa misma línea, el grupo InSight Crime reveló que Bolivia es un país de origen y tránsito para la trata de personas tanto nacional como internacional. Una gran cantidad de las víctimas son extranjeros que pasan por el país, mientras que otros ciudadanos bolivianos son traficados a España, Estados Unidos y a países cercanos como Brasil, Chile, Perú y Argentina. Además, en la última década el número de casos de trata y tráfico de personas denunciados en Bolivia creció en 10 veces.

Por su parte, en 2018, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) publicó el documento titulado: Explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes. Allí se denunció que las regiones de Chapare, especialmente en Ivirgarzama y Shinahota, y Caranavi son zonas rojas, pues los lupanares están repletos de niñas ofreciendo sus servicios sexuales. Empero, los tratantes están, prácticamente, en todo el territorio nacional.

¿Es tan grande la crisis en Bolivia que la sociedad y el Estado toleran que los niños sean usados como materia prima en negocios criminales? Sí, porque en Bolivia no quedan ninguno de los fundamentos de una República (Estado de Derecho, justicia independiente, elecciones libres y seguridad ciudadana).

La Bolivia de hoy es un narcoestado como Venezuela, Nicaragua y Cuba. Los sindicatos cocaleros de Evo Morales, aparte de ser causantes de cientos de muertes, son parte importante de la cadena de narcotráfico. Las instituciones a cargo de la seguridad nacional (Policía Boliviana y Fuerzas Armadas) están impregnadas de corrupción y delitos. Los uniformados de honor, esos que pusieron el pecho para defender el país, están presos. Bolivia es una patria secuestrada, espero que algún día escuche el sonido de la libertad.

* Hugo Marcelo Balderrama, Economista boliviano con maestría en administración de empresas y PhD en economía.

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