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Un fantasma recorre a Colombia

Escribe: Sa√ļl Hern√°ndez*.-

La amenaza de la que hablan los militares en retiro, es ‚Äúun fantasma que recorre a Colombia, el fantasma del comunismo‚ÄĚ. (EFE)

En Colombia cunde la ilegalidad y se pretende transar la ley hasta con grup√ļsculos de desadaptados sociales como los de ‚Äėprimera l√≠nea‚Äô.

Dice el General Jorge Enrique Mora Rangel que ‚ÄúColombia se halla frente a una amenaza‚ÄĚ, y lo dice como si hubiera descubierto el agua tibia, precisamente √©l que particip√≥ en ese contubernio de La Habana y que ahora se lava las manos como si no supiera ni le constara por d√≥nde corre el agua al molino.

Pero, cuando se debe poner el dedo en la llaga, es mejor tarde que nunca, y por eso el pronunciamiento de los oficiales de la reserva no deja de ser oportuno y necesario. En el comunicado, Mora y sus compa√Īeros dicen que el paro nacional fue instigado por el Foro de Sao Paulo, que los organismos internacionales que defienden los derechos humanos son proclives a los terroristas y enemigos de la fuerza p√ļblica y que la obligaci√≥n del Estado es restaurar el orden ‚Äúsin vacilaciones‚ÄĚ, haciendo uso del ejercicio leg√≠timo de la autoridad. Finalmente, les piden a los colombianos no ser indiferentes y no ceder ante una minor√≠a radical que pretende imponernos un r√©gimen totalitario. M√°s claro, imposible.

Sin embargo, hay que lamentar que solo es una declaraci√≥n de papel que poco o nada puede hacer contra una conspiraci√≥n muy bien organizada que no solo tiene un notorio armaz√≥n pol√≠tico sino un gran entramado judicial. No de otra forma pueden entenderse cosas como que un juez de Cali le otorgue casa por c√°rcel a uno de los asesinos del polic√≠a cuyo cad√°ver fue arrojado al rio Cauca para desaparecerlo. Y no es una excepci√≥n, es la regla de c√≥mo est√° actuando la Justicia a favor de los terroristas que han azotado a varias ciudades en los √ļltimos dos meses.

Preservar un pa√≠s sin la acci√≥n decidida de los entes judiciales es una tarea descomunal. Por eso, en los pa√≠ses desarrollados se aplica una justicia pronta y severa que mantiene las relaciones sociales dentro de un cauce de normalidad. En Francia, hace un par de semanas, un juez conden√≥ a 30 a√Īos de c√°rcel ‚Äď√≥igase bien‚Äď a un musulm√°n egipcio que al grito de ‚ÄúAl√° es grande‚ÄĚ hiri√≥ con cuchillo a un soldado en inmediaciones del Museo del Louvre, en Par√≠s, en 2017.

Pero no vamos muy lejos. En ese mismo pa√≠s, una joven que por grave imprudencia caus√≥ un peligroso accidente en la primera etapa del Tour de France (el 26 de junio), tuvo dos d√≠as de arresto y enfrenta una condena de un a√Īo de prisi√≥n o dos en caso de que los ciclistas perjudicados sufran m√°s de tres meses de incapacidad. Eso parece un chiste aqu√≠, donde no da c√°rcel ni arrollar fatalmente a un ciclista, un motociclista o un peat√≥n. El conductor termina en casa por c√°rcel o libre si indemniza a los familiares de la v√≠ctima. Los casos abundan y demuestran una excesiva laxitud judicial que corroe la sociedad.

De esa manera, el crimen campea, pero no sobra decir que también lo hace en las cárceles, que poco o nada resocializan.

Noticias RCN presentó un informe sobre un operativo de inspección en la cárcel de Acacías, Meta, donde hallaron droga, dinero y celulares hasta en las alcantarillas, aparatos que son usados para extorsionar desde los centros penitenciarios y, en general, para seguir delinquiendo desde las prisiones, dirigiendo organizaciones criminales desde el penal. Casualmente, la revista

Semana trae un informe sobre el ingreso de drogas a las c√°rceles, celulares, armas, licores y cuantas cosas se les ocurra, dentro de las partes √≠ntimas de mujeres que se alquilan para ese tr√°fico ilegal al que las autoridades no han querido ponerle coto.

Entonces, tristemente, cunde la ilegalidad y se pretende transar la ley hasta con grup√ļsculos de desadaptados sociales como los de ‚Äėprimera l√≠nea‚Äô, cuando la misma ciudadan√≠a lo que reclama es mano firme en el ejercicio de la autoridad para poder continuar con la lucha diaria de buscar una mejor existencia. Y no son ‚Äúgente de bien‚ÄĚ de estrato alto; hay que ver c√≥mo recibieron los habitantes del deprimido sector de La Sultana, en Cali, a los agentes de Polic√≠a que retornaron despu√©s de dos meses: aplaudi√©ndolos y aclam√°ndolos desde los balcones y las puertas de las casas. Las sociedades ‚Äďsobre todo las m√°s pobres‚Äď necesitan como al aire a sus sacerdotes, m√©dicos, maestros, jueces, polic√≠as y soldados. Si cada cual hace su trabajo, el progreso est√° asegurado.

Ya quisi√©ramos pensar con el deseo y compartir ideas con quienes creen que esta revuelta criminal que a√ļn no cesa est√° perjudicando la imagen del mism√≠simo Gustavo Petro, el que le prendi√≥ fuego a la pradera, pero los n√ļmeros de las encuestas todav√≠a no dan como para cantar victoria. El populismo es poderoso y ya muchos hacen cuentas de lo que van a hacer con el sueldo que van a recibir sin trabajar y pensando a qu√© horas se van a levantar. Santa Imprenta nos va a sacar de pobres a todos.

Parafraseando el Manifiesto Comunista, la amenaza de la que hablan los militares en retiro, es ‚Äúun fantasma que recorre a Colombia, el fantasma del comunismo‚ÄĚ.

* Sa√ļl Hern√°ndez Bol√≠var es comunicador social. Veinte a√Īos como columnista de opini√≥n en diversos medios nacionales y extranjeros.

@SaulHernandezB

T. de PanAm Post.

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